Una joya que fue propiciada por una decisión del Concilio de Trento y que se comenzó a gestar con los fondos del obispo Armanyá, de gustos afrancesados y talante liberal
21 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.La biblioteca aún no tiene el emplazamiento definitivo, tras las obras FOTO
Una decisión tomada en uno de los concilios con peor prensa, el de Trento, y otra de un obispo ilustrado, Francisco Armanyá, están en la base de la creación de la biblioteca del Seminario Diocesano de Lugo, que tiene identidad propia y constituye un motivo para que la institución en la que está figure en el registro de asociaciones lucenses. En Trento fue acordada la creación de los seminarios, con sus respectivas bibliotecas, que en el caso de la de Lugo se materializó, acogiéndose a una orden de Carlos III, entre los años 1783 y 1785.
Los primeros fondos fueron los cerca de 4.000 volúmenes de la biblioteca personal de Armanyá, entre los que abundaban los de la liberal Francia. Sin embargo, con el tiempo esa importante colección se convertiría en una parte mínima, dado que en la actualidad los fondos superan los 100.000 volúmenes, con secciones especializadas muy relevantes y valiosas, según señala su director, Manuel Rodríguez Sánchez.
Aún antes de pasar al Seminario, durante la etapa del obispo catalán en Lugo, la biblioteca ya recibió libros del Gobierno, que también le asignó un bibliotecario. Posteriormente fue desamortizada y llevada a la sede de la Diputación, pero tres o cuatro años más tarde fue reintegrada al Seminario, si bien se quedaron en San Marcos algunos importantes volúmenes, como un ejemplar de la Summa de Santo Tomás.
Entre los importantes fondos de la biblioteca figuran el Tumbo Fundacional del Seminario Diocesano de Lugo y un manuscrito editado en Cuba sobre 1780 que hace una defensa de los gallegos allí residentes. También conserva 14 carpetas con casi toda la obra manuscrita de Juan Montes, de la que aún fue descubierta recientemente la partitura completa de Negra sombra.
Según destaca el director, hay incunables y bastantes pergaminos. Merecen especial mención algunas colecciones, como el fondo de medicina, del que hace cinco años fueron mostrados 130 volúmenes en una exposición en un congreso médico celebrado en Madrid. También es muy buena la sección de matemáticas, debida a un rector que fue especialista en esa materia.
Manuel Rodríguez considera que tampoco se pueden pasar por alto los libros sobre Sagradas Escrituras, derecho canónico, teología, historia de la Iglesia y literatura. Hay una colección muy buena de misales latinos, que siguen recogiendo por las parroquias, y también está en aumento la de revistas, que ya alcanza los 1.078 títulos.
Las revistas del XIX y ediciones raras de literatura son las más consultadas, sobre todo por investigadores y especialistas, que acuden a menudo a la biblioteca. Su director también menciona los seis millares de libros en gallego, cedidos por Vázquez Saco, numerosas ediciones de El Quijote. Los libros editados por los maurinos son de los más apreciados.
Enciclopedidas y colecciones FOTo
Algunos de los incunables FOTo
En la actualidad los fondos alcanzan los 100.000 volúmenes
La colección de «maurinos», sigue siendo una joya para los filólogos