Sorprenden las declaraciones del señor Núñez Feijoo calificando de «crítica» la situación actual de Galicia. Después de usar el nefasto mandato de ZP como coartada esencial a la deriva actual, mucho me temo que la labor de tan pésimo gobernante no sea exclusivamente la causa de nuestra particular recesión. Porque, entre otras cosas, a las comunidades autonómicas les fueron transferidas hace tiempo las suficientes competencias como para que las respectivas responsabilidades sean de todos.
Además, ahora que llega a la Moncloa otro gallego, ya me dirán si a nuestro ínclito presidente autonómico le quedan argucias para escaquearse de su responsabilidad. Por ejemplo, en ese pseudo AVE recién estrenado entre A Coruña y Ourense, el señor Feijoo volvió a olvidarse de aquella promesa electoral de no dejar aislado a Lugo de la alta velocidad, anticipando los fondos de la Xunta para el enlace de nuestra ciudad con Ourense. El mismísimo y saliente ministro de Fomento, señor Blanco, olvidó literalmente a la capital de su patria chica de semejante enlace. Y qué decir de nuestras autoridades locales, incapaces de exigir para Lugo un ferrocarril, al menos, del siglo XXI.
Lugo, en todas y cada una de sus infraestructuras, sigue siendo la gran olvidada. Si posee una autovía de primera con Madrid es porque la A-6 enlaza con A Coruña y, de paso, nos une a nosotros. Ahora, con la crisis que nos ahoga, la coartada de nuestro abandono será ya la definitiva. Porque por aquí, nos «conformamos» con todo lo que nos echen. Y así nos va.