Si algo tiene la LEB, es que casi de un día para otro puedes pasar de la gloria al infierno o viceversa en un abrir y cerrar de ojos. La visita de nuestro Breogán a una ciudad histórica de baloncesto como Girona ha de ser un punto de inflexión de cara a esta temporada. Tanto cuerpo técnico, como jugadores, aficionados y gente del club han puesto muchas esperanzas en un partido en el que, a día de hoy, los celestes se juegan mucho más que el cuadro catalán.
Primero, ganar supondría sumar una victoria más y, sobre todo, hacerlo fuera de casa, escenario en el que los lucenses se muestran más débiles. Segundo, alejar a Girona en la clasificación, habiéndoles ganado en su propio feudo. Y tercero, y más importante, recuperar la autoestima propia y ajena zarandeada la jornada pasada con el jarro de agua fría que supuso perder en el Pazo.
Viejos conocidos
La nave del Sant Josep está comandada por dos viejos conocidos de la afición lucense como Nacho Ordín y Jordi Vallmajó. El primero alterna los puestos de uno y de dos y es una de las piezas más importantes de los catalanes. El segundo se ha incorporado hace poco al equipo de Zan Tabak, en sustitución de Carles Canals, e intenta aportar al colectivo todo lo que esté en su mano para ganar.
El incombustible Middleton sigue siendo ejemplo para los jóvenes de profesionalidad y saber estar.
La clasificación refleja que el Breogán es mejor que Girona y sólo depende de los celestes el demostrarlo en la pista. Todos y cada uno de nosotros deseamos una victoria visitante que viaje de regreso al Pazo Universitario para alegría de la parroquia local.