El tsunami que no para

Manuel Piñeiro

LUGO

Cualquier observador ajeno a nuestro país tiene que tener una capacidad de asombro ilimitada para no verse sorprendido en su estupefacción con cada nuevo capítulo que la actualidad diaria le brinda. En muy pocas fechas, la actualidad nacional, autonómica y local se han visto sacudidas por nuevos tsunamis económicos y políticos, que han vuelto a dejar tiritando a una ciudadanía cada vez más escéptica e impotente para evitar una nueva escalada en la crisis. Y lo peor de todo es la ineptitud, incapacidad y negligencia de nuestras autoridades políticas para frenar tantos desmanes delictivos. Solo les importan las elecciones del 20-N.

Lugo, no obstante, milita en la dudosa y honorífica primera división de los escándalos. Los casos Carioca y Campeón producen nuevas sacudidas sísmicas cada dos por tres. La última, con la acusación de Jorge Dorribo, se ha llevado por delante a dos políticos del PP y del BNG, y ha dejado muy tocado al propio Pepe Blanco. Si la reunión en la gasolinera se celebró en presencia de agentes de la autoridad, no parece muy verosímil la acusación de corrupción vertida por Dorribo. Pero la sospecha sobre el de Palas, cuando menos, ya alarga la sombra de la duda. No se libró tampoco Feijoo cuando las acusaciones miraban hacia altos cargos del Igape.

¿Y qué me dicen de las millonarias «indemnizaciones» en Novacaixagalicia? ¿Dónde quedan la responsabilidad de Feijoo, como padre de la fusión y presidente de la Xunta, y de Ordóñez, como director del Banco de España? La impunidad de todos los implicados es obscena.