«Soy lo más cercano a la esquizofrenia controlada»

Benigno lázare LUGO / LA VOZ

LUGO

En su casa guarda un veterano premio Ondas y guiones para programas en Internet

01 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Aunque siempre se le pregunte por el mismo tema, Manolo Sicart afirma no sentirse perseguido por el fantasma del premio Ondas. El tampoco dejó de perseguir a los fantasmas de la Casa Encantada de Lugo ni a los del Monte Campelo de Friol, estos últimos norteamericanos y vestidos de camuflaje. En los foros de Internet, donde se puede tener acceso a su desparramado currículo autorizado, lo definen como un máquina loco. Licenciado en filosofía y letras, máster en psicología y sociología en medios de comunicación audiovisuales, padre de alguno de los primeros programas de parapsicología en la radio española, financiero durante una etapa, actor de cine en otra, comunicador y cañero a tiempo completo y amigo de sus amigos... Es comprensible que tenga el procesador algo tarumba. «Hay una explicación: soy géminis, que es lo más cercano a la esquizofrenia controlada; te puedes dedicar a muchas cosas en momentos determinados».

Sus viajes profesionales fueron y son en muchas direcciones, pero la base desde la que despega siempre es la misma, la comunicación. Ahora está en la fase de avituallamiento para el siguiente vuelo, relacionado con Internet, que es el futuro y, sobre todo, de momento aún no tiene demasiadas rutas preestablecidas de navegación obligatoria. Para la televisión a través de la Red prepara un programa de entretenimiento pero experimental, como era de suponer, que combine todos los sistemas de comunicación y todos los medios técnicos a su alcance.

Los medios y la caña

Hasta ahora aprovechó las nuevas tecnologías para escribir de acuerdo con su vieja fórmula: dar tralla a todo lo que se menea, o más adecuadamente, a todo lo que no se menea cuando debiera hacerlo. Como muestra, los titulares de los tres primeros artículos publicados, Politicastros, Manos arriba y Gallegos espulgaperros; los cuatro últimos, Pepiño: un mediocre repartidor de pizzas, Rajoy: una gaviota sin plumas, Zapatero:RIP, y Fin de fiesta. Apaga y vámonos. Por si queda alguna duda, en Internet también tiene publicados La mafia de los bancos, Farsantes y franquistas, Cerdos del botellón...

Como bróker mismamente hizo de las suyas. «Yo representaba los intereses de un cierto número de acciones en una empresa cementera, en la que una multinacional francesa no cumplió los compromisos conmigo y acabó quedándose con ella. Yo le hice una jugada que hoy no sería posible, porque un minoritario con 110.000 acciones no puede echar abajo a una multinacional con 22 millones, pero en aquel momento salió bien el asunto y lo conseguí».

Los empresarios gabachos no consiguieron trincarlo pero ganas sí le tenían. También se la juró más de un político. Unos no le hablan y los más hábiles incluso le dan palmadas en la espalda cuando lo ven, aunque él sospecha que son puñaladas. Aquí tiene su lado débil, porque sí cuenta con unos cuantos amigos de verdad que acabaron metidos a políticos, que procura dejar fuera del radio de acción de su látigo. El último incorporado fue Arcadio Silvosa.

Manolo Sicart mantiene intacta su vocación por la radio, pero confiesa que de la convencional no le gusta ningún programa porque son todos intercambiables y cortados por el mismo patrón. Por eso no se aburre de hablar de Viento del norte y de otras experiencias que se hacían en las emisoras en los nacientes años democráticos y en los siguientes. «El premio Ondas es el resultado de una radio muy creativa, muy original y de entretenimiento de aquel momento, y no me cansa porque hay poca gente trabajando en Galicia que lo haya conseguido. Viento del norte fue un programa muy bueno, pero mi fama viene más por los programas combativos que hacía..., de denuncia, entrevistas muy fuertes, etcétera».

Ante tanta inanición herciana ya tiene los guiones para un programa en la Red, a la vez que está trabajando en otro para la televisión por Internet. «Hay que embarcarse en cosas nuevas porque la tecnología avanza a velocidades supersónicas y la radio generalista actual es aburrida, toda igual y un auténtico peñazo».

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