Orozco, el alcalde de Lugo, se mostraba entusiasmado como un niño con zapatos nuevos, en el acto de presentación de la elección del futuro proyecto de la estación intermodal. Veintisiete meses por delante para elaborar el proyecto, 13 millones para afrontar la obra sobre la vetusta estación del ferrocarril. La hipotética llegada del AVE a Lugo estaría cubierta por este futuro proyecto. Total, que su finalización no sería antes de finales de la década. Los lucenses, pienso, estaríamos entusiasmados si nuestro querido y populista alcalde, junto con la oposición en pleno, formasen un frente común para exigir sin más dilaciones concreciones y no abstracciones sobre fechas y compromisos firmes de dicha llegada (?). Sobre este punto capital todos pasan de puntillas, incluido el propio Pepe Blanco, porque de todas las licitaciones en marcha para la llegada de la alta velocidad a Galicia, Lugo sigue excluida de facto. Y ese conformismo negligente de nuestros espadas provinciales es lo que más debe ofender a los lucenses, que seguimos ninguneados y en el furgón de cola del desarrollo gallego. Por eso, tengo que aplaudir y aplaudo la oportuna sentencia de la edila del BNG, Paz Abraira, sobre este asunto: «Los lucenses tendrán que coger el AVE en Ourense o A Coruña». Aunque habría que agradecerle a su partido que no se conformase con simples palabras criticas, sino con hechos más contundentes y exigentes. Lugo no puede quedar eternamente marginado. Tiene que coger este último tren de su desarrollo, sí o sí, so pena de perder una oportunidad histórica, que las futuras generaciones juzgarán sin contemplaciones. Y aquellos políticos incapaces de exigir la misma puntualidad de la alta velocidad para Lugo como para Galicia, mejor que se queden en casa y nos harán un gran favor. En el sueldo llevan esa obligación sagrada.