La jornada pasada, cuando un servidor se puso a ver la tele, pensaba que iba a asistir a un partido de fútbol sala. Al final me he quedado con la impresión y con la incertidumbre de si habré visto balonmano o waterpolo. Una ensalada de goles directamente proporcional a la menestra de fallos defensivos que el equipo capitalino cometía fruto de una obsesión compulsiva de querer y no poder. Y los de Santiago... Podremos opinar si su juego es mejor o peor, pero lo que es un hecho es que de cara a portería las enchufan. En fin, corramos un tupido velo, olvidémonos de ese jardín de despropósitos y centrémonos en el encuentro de esta tarde. Con veinte puntos, a tres de la promoción y enfrentándose Carnicer con Gestesa, salir de vacío en el choque de hoy es como darle una vuelta más a la soga que el equipo amurallado luce alrededor del cuello. Unos y otros pensábamos que el estado de alarma había terminado, pero los hechos acontecidos y la crueldad de los resultados nos han vuelto a confundir. Como ya hemos dicho en una ocasión, no sabemos si rascarnos el reloj o dar cuerda a nuestro trasero. Una vez más, y ya no recuerdo cuántas van, necesitamos el mágico número 6. En la anterior ocasión que hemos invocado su magnánima presencia, los de Bruno García nos hicieron disfrutar de lo linfo. Hoy se vuelve a necesitar el aliento del mágico jugador. Las cosas están complicadas y, por lo tanto, recemos para que los males clasificatorios del conjunto capitalino no se agraven.