Los ladrones vuelven a dar otra ronda por las iglesias

LUGO

Nueva oleada de robos en los templos de la comarca chairega

01 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Las iglesias de la comarca de Terra Chá parecen condenadas en los últimos tiempos a ser noticia por su valor, pero con un matiz: ese valor interesa a amigos de lo ajeno, que de vez en cuando se acercan a los templos pensando en lo que puede guardarse en su interior o en sus alrededores y en llevárselo para sacar algún beneficio de esa operación. Las operaciones llevadas a cabo en días pasados en la iglesia de Santa María, en la céntrica plaza de Vilalba que tiene igual nombre que la parroquia, y en la de Santa Mariña de Lagostelle, en la parte occidental del término municipal de Guitiriz, confirman que el dinero en metálico y otros materiales que se pueden vender con más o menos facilidad o que pueden prestar algún servicio son una tentación para más de uno. En Vilalba se forzó la caja de limosnas situada cerca de la entrada. La operación no incluyó un botín especialmente sustancioso sino más bien todo lo contrario, ya que ese recipiente se vacía todos los días. No era la primera vez que se llevaba a cabo una hecho como ese, y en esta ocasión, según las informaciones facilitadas, debió de efectuarse aprovechando un momento en que no había ninguna persona en el interior del templo parroquial. Móvil económico Que el móvil económico era lo que movía a actuar al autor o autores parece cosa sabida, sobre todo si se tiene en cuenta otro detalle: en el interior de la iglesia, según las fuentes consultadas, no se echaron en falta otros objetos ni se forzó ninguna puerta. Mientras tanto, en la iglesia de Santa Mariña de Lagostelle se robaron cuatro focos que iluminaban el exterior del templo y que fueron colocados hace varios años, coincidiendo con mejoras que financió la comunidad de montes de la parroquia. El valor de lo sustraído parece estar algo por encima de los 600 euros, ya que cada uno de los proyectores costaron en su momento algo más de 150. También parece que en este caso el autor o los autores tenían un claro propósito cuando se presentaron en el lugar de los hechos, puesto que no llegaron a entrar en la iglesia. El templo está a varios kilómetros de la N-VI, aunque es necesario tomar una vía secundaria para llegar. Por ahora, en el atrio de la iglesia reina la oscuridad, ya que no se prevé reponer de modo inmediato lo sustraído. La crisis hace más difícil las inversiones, aunque no, por lo que parece, las sustracciones.