Los celestes superaron con claridad a un Cáceres que ofreció una imagen esperpéntica en el Pazo Universitario
22 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Esperpéntico turista el que ayer compareció en el Pazo. Poco tuvo que hacer el Breogán para curar algunos de sus males ante un Cáceres que rozó el ridículo en algunos compases del partido. Para los lucenses, llegó la primera victoria de la temporada como locales y, de paso, se enterró una racha de seis leñazos consecutivos. Los celestes, a base de una mayor intensidad, dinamitaron la escasa resistencia ofrecida por los de Gustavo Aranzana. Después del descanso, los extremeños se congelaron ante un Leche Río que únicamente debió imprimir un ritmo constante para alzarse con el triunfo.
A pesar de la facilidad con la que se cerró el choque, las cosas no pintaron nada bien para los locales en el arranque. El Cáceres saltó al parqué mucho más metido en el encuentro. Un 0-6 inicial provocó un ligero desánimo entre los aficionados que, durante la presentación del equipo, dirigieron una pitada al técnico Rubén Domínguez.
Sin embargo, la energía inicial de los visitantes fue, a la postre, un espejismo. Arteaga quebró la tensión de los locales con un tiro libre a los tres minutos. Y desde entonces, todo comenzó a venir rodado para el Breogán. El Cáceres no supo plantar cara a los lucenses en la única parcela en la que estos se habían mostrado medianamente consistentes durante la crisis: la intensidad. Y a base de una concentración elevada, el Leche Río fue tapando todas las vías de agua defensivas para desguazar el ataque de los de Gustavo Aranzana.
A pesar de que los recursos ofensivos de los celestes se nutrían, una vez más, de las acciones de uno contra uno, las ventajas comenzaron a crecer de manera paulatina. En el segundo cuarto, el Breogán amenazó con fugarse (32-22). Pero un parcial de 0-10, roto por un triple de Vallmajó, impidió el despegue.
El Cáceres, tal vez confiado por su buen arranque y la mala dinámica reciente del Leche Río, se echó una siesta en el Pazo Universitario. Y el despertador tampoco sonó en el descanso. La imagen que los extremeños ofrecieron en la segunda mitad fue bochornosa. Las continuas pérdidas de balón (23 en total), la mala toma de decisiones y la timidez a la hora de aprovechar buenas situaciones de tiro (sobre todo por parte de un tímido Francis Sánchez) lastraron a los visitantes y facilitaron la labor defensiva de un Breogán que, con el paso de los minutos, fue creyendo en sus posibilidades y enterrando los fantasmas cotidianos.
Escalofrío
El Cáceres ofreció unas prestaciones de récord negativo a lo largo de la segunda mitad. Con una valoración global de cero en los últimos veinte minutos, los extremeños fueron incapaces de encontrar una mínima coherencia en el juego de ataque.
Así, el Breogán fue asfaltando el camino hacia el triunfo después de haber vivido semanas de dudas. Para celebrarlo, los celestes se adjudicaron el parcial del cuarto definitivo por primera vez en el curso.