Los magos se quedan sin trucos

LUGO

Las investigaciones judiciales y la acción de pequeños colectivos iluminan zonas oscuras del cuerpo social en la provincia lucense

31 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Lugo es, ahora se sabe, una ciudad mágica y en la chistera que es su Muralla ocultó durante años el oscuro conejo de la corrupción. Lugo, según se va viendo, fue durante largo tiempo un activo foro de nigromantes capaces de hacer desaparecer multas de tráfico, corromper policías y reinventar la esclavitud. Ahora que las juezas han levantado el telón del escenario, quedan al aire los tinglados, y los focos rasgan las sombras sin las que la magia no existe. Siniestros personajes emergen de la penumbra en la que movieron los hilos de marionetas que, en algunos casos, pasaron por probos ciudadanos. Y hay quien augura más sorpresas a corto plazo, sorpresas relacionadas con el lado oscuro de la sociedad. Mientras, los otros magos, los de la magia blanca, los que ayudan a soñar, preparan una nueva edición de la Semana da Maxia, que este año se celebrará entre los próximos días 8 al 13. Lugo, ciudad mágica.

En Lugo se multiplicaron las varas mágicas al mismo tiempo que desaparecían las otras, las de siempre, las que eran argumento inapelable en el trato con la vaca Marela. A medida que desaparecieron las varas que se vendían en el San Froilán, aumentó el número de palitos de hacer magia. Se usaron mucho en el sector de la construcción durante una muy larga temporada. En la capital, pero también en la provincia. Tanto mago hubo que el público empezó a cansarse y, más que por el espectáculo, se interesó por el truco. Comprobó entonces cuánta razón tiene Sabina y «¡qué difícil es salir de esta magia en la que nos hayamos presos!». Pero como siempre, todo llega, a Lugo también. Y como todo llega, quizá inadvertidamente, también en Lugo se puso en marcha, para sorpresa del poder, una estrategia de resistencia liliputiense. Ya no son los otros partidos, la oposición, los que plantan cara a las decisiones del poder, son pequeños grupos, los propios ciudadanos a título individual los que han decidido encender los focos. Lo está comprobando el alcalde lucense, José López Orozco . El Ayuntamiento de Lugo se enfrenta a denuncias por cambios en el nuevo planeamiento urbanístico, ha visto anulado un acuerdo por el que aprobó un proyecto de urbanización y otro por el que resolvió expropiar un terreno necesario para el acceso al garaje de un edificio en construcción.

En el urbanismo lucense ya no sólo suena el nombre de la delegada de la concejalía correspondiente, María Novo ; ahora también se conocen nombres de ciudadanos como José Cabanas , Marcos Bourio o Emilio P. Lombao . ¿Y al final? Pues serán los togados los que tendrán que decidir e impartir justicia. Pero algo ha cambiado ya en Liliput sea cual sea el resultado. Lo mismo se nota ya en las próximas elecciones locales. Volverán los candidatos a entonar las gastadas cantinelas, se repetirán los viejos ritos, pero serán conscientes de que se cuecen cambios. Le irá mejor al que sea capaz de intuirlos, al que no se deje engañar por los relojes del consistorio y de la catedral lucenses. En los dos se ha detenido el tiempo. El obispo, Alfonso Carrasco , no parece tener entre sus prioridades la reparación del reloj catedralicio, aunque ha conseguido que el ministro de Fomento, José Blanco , se comprometa a financiar obras en el templo. El mismo ministerio también ejecutará obras en el entorno de la seo de Mondoñedo, para satisfacción del alcalde, Orlando González .

En el consistorio lucense López Orozco sí ha dado pasos para reparar la vieja máquina consistorial. Algunas piezas del reloj han sido enviadas a Londres, a la casa en la que fueron fabricadas, para su reparación. Santiso , funcionario puntilloso, intentó antes que fueran relojeros españoles los que pusieran a andar la máquina. Pero los técnicos no lograron curar los males del viejo reloj, fabricado en 1871 por la firma Gillett&Johnston, pensando en la catedral de Málaga. Hay esperanza de que el reloj consistorial vuelva a funcionar, que ya avisó Roald Dahl de que «el que no cree en la magia nunca la encontrará».

Aunque los miembros del Jurado de Expropiaciones de Galicia no sean magos, los alcaldes de los municipios que comparten con el de Lugo la propiedad de la antigua cárcel, seguramente habrán disfrutado tanto como con un buen número de prestidigitador con la resolución por la que elevan de 1,5 millones a 2,3 la valoración del edificio. Vaya, que hay una diferencia muy acusada entre la tasación que hizo el Concello de Lugo y la que efectuó el Jurado. Ya lo dijo el alcalde de Friol, Antonio Muíña (PP): así las cosas, ante la expropiación, «no habrá ánimo beligerante» en las relaciones con el socialista José Lópoez Orozco.

Lugo, qué duda cabe, ciudad mágica.