La otra cara

Murillo

LUGO

Poco tardó el Lugo en mostrar la otra cara oculta de su repertorio. Cual doctor Jeckyl compareció en el Pedro Escartín de Guadalajara, como una sombra de sí mismo. Aquel míster Hyde que borró al Leganés del Ángel Carro, se trocó de nuevo en su propia antítesis. Es curioso el movimiento pendular del equipo de Setién, capaz de lo mejor y de lo peor de una jornada a otra. Si no se corrige ese peligroso vaivén, el Lugo volverá a las andadas de la pasada temporada de sabor tan agridulce para el aficionado lucense. Esta vez tocaba cruz, y salvo un Tornero que se sale partido a partido, los rojiblancos han vuelto a las andadas del desorden, el desajuste de líneas, y la consiguiente vulnerabilidad de una defensa que hizo aguas por todas partes. Hay muchas formas de perder y al Lugo le tocó la más cruel: aquélla que deja sin coartada posible la justicia del triunfo rival por un marcador humillante. Pero, además, al estar desaparecido el ataque lucense en combate, el dominio del balón que los hombres de Carlos Terrazas le cedieron a los de Setién se convirtió en su propia tumba, al explotar el Guadalajara como un filón el contraataque. Algo tan sencillo como elemental.

La debacle rojiblanca en tierras de La Mancha tiene, además, otra lectura negativa: insuflar vida a un rival que puede convertirse en directo, o, incluso, superarlo. La única lectura positiva que cabe extraer de esta derrota no es otra que sacar una lección para el futuro. De todos los fracasos hay que aprender y de éste tampoco puede haber excepciones. Y estas cosas suceden cuando se pierde la concentración al máximo. Cualquier rival se convierte en insuperable si no mantienes una tensión permanente. La próxima visita al filial del Getafe, segundo desplazamiento consecutivo de los lucenses, marcará el grado de recuperación de los hombres de Quique Setién, ante otro de los equipos revelación de la categoría. Y, sobre todo, si han aprendido la lección del Pedro Escartín.