Luego de las dos últimas bofetadas, eso sí, de forma suave, sobre las mejillas del conjunto capitalino, nos vemos casi en la obligación de no venir de vacío del desplazamiento a casa del Benicarló. Entrenado por un viejo conocido de la parroquia lucense: el bueno de Juanlu, que llegó a nuestra ciudad con vitola de innovador, un valor al alza. Pero dicho valor se diluyó como un azucarillo en un café a mitad de temporada... Fue destituido. Pero hablemos de lo que nos interesa, que no es otra cosa que los pupilos de Bruno García, que en sus dos últimos compromisos no vieron recompensado su juego con ninguno de los puntos en litigio. Para colmo de la desdicha, en Pamplona, a falta de un suspiro, les engancharon el gol que significó la derrota. El dicho dice que no hay dos sin tres. Crucemos los dedos para romper el mal fario del refranero popular para huir de una nueva derrota que lastraría, de una forma más o menos importante, la trayectoria del conjunto amurallado en estos compases iniciales. En la jornada de hoy, debemos y queremos creer que la diosa fortuna va a dejar de darnos patadas en la parte final de nuestra espalda y que al menos sea el juego desplegado el que nos haga sufrir o gozar.