Los Argerey, con mucho gusto

Benigno Lázare LUGO/LA VOZ.

LUGO

Su tienda, fundada hace más de tres décadas, forma parte de las cuatro o cinco más veteranas y consolidadas que siguen funcionando en la ciudad lucense

26 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Ángel Argerey llegó al mundo de la decoración porque cogió el primer vuelo que salía y coincidió que el aeropuerto de destino fue ese. Resulta que le había captado el tranquillo a la capital lucense en la época de estudiante en el Instituto Masculino. Cuando regresó de la mili ya estaba decidido a renunciar a trabajar las buenas tierras que lo esperaban en Friol y acudió a la llamada de un primo, empleado de Decorativas Vicar.

Era 1967, en los comienzos del Sintasol y del resurgimiento del papel pintado en su etapa contemporánea. Al cabo de un año decidió establecerse por su cuenta y, con dos operarios, comenzó a realizar trabajos de pintura, colocación de papel y moqueta. Tenía un pequeño almacén en la calle Río Ulla y así siguió funcionando hasta que, cuando se casó con Manuela Villar, en 1977 montó una tienda de 100 metros cuadrados en el número ocho de la Rúa das Anduriñas. Dos años después se hizo con el bajo de al lado y duplicó el espacio en la planta baja, además de otros 100 metros en el entresuelo.

Argerey Castro se centró desde el primer momento en las cortinas, moqueta, papel y todo lo relacionado con el interiorismo de viviendas, locales comerciales e incluso instalaciones de las administraciones públicas. Durante todos estos años consiguió una clientela que no le falla a la empresa ni en estos momentos, llegó a tener media docena de empleados y realizó varias reformas porque este es un mundo muy dinámico y cambiante y hay que predicar con el ejemplo.

Hace un año, cuando se planteaba la jubilación, mantuvo negociaciones con una empresa de A Coruña para venderle su establecimiento. Pero el temor por la situación económica dio al traste con la operación y los compradores cambiaron de opinión. Ahora, a toro pasado, Ángel no se arrepiente. Su hija Lucía decidió incorporarse al negocio y, tras alcanzar un acuerdo con Beatriz Lovelle, que llevaba 15 años trabajando en la casa, ambas se hicieron cargo de la tienda.

El fundador, que sigue acudiendo de visita y asesorando cuando es necesario, asegura que está sorprendido porque prácticamente tienen el mismo trabajo y mantienen la actividad de siempre. La ciudad y su entorno es la plaza fuerte, pero cubren toda la provincia y cualquier punto que sea necesario. Recientemente viajaron a Madrid para decorar dos viviendas de gente originaria de Lugo.

Después de 32 años en los que desaparecieron algunas y surgieron muchas más, esta tienda es una de las cuatro o cinco clásicas.