El Azkar regresó ayer a Lugo después de la concentración de cuatro días en Lanzarote. Lo hizo con la alegría de que el portero Miguel Mendiola gozó de sus primeros minutos como jugador del Prone después de superar por completo la lesión en la mano que arrastraba desde la pasada temporada. El guardameta, que jugó los doce primeros minutos del partido contra el Gáldar, afirmó que «las sensaciones fueron muy buenas, me sentí bastante cómodo. No noté ninguna molestia y no pensé en posibles dolores». En su puesta de largo, acabó «un poco cansado, pero es normal, porque llevaba sin competir desde el mes de mayo». Con la victoria cosechada contra el Azkar (2-6), el Azkar enterró una serie de resultados poco convincentes desde que empezó la pretemporada. Al respecto del estado anímico de la plantilla, Mendiola expone que «más que el resultado, lo importante es que no tuvimos los fallos de concentración de otras veces. Competimos mejor que el lunes (día en que perdieron contra el Lanzarote 4-3) y creo que, con el paso de las semanas, iremos resolviendo las dudas que se nos presenten». Contratiempos El Azkar contó con las bajas de Renatinho, Rafa López y Guerra para medirse con el Gáldar. Los contratiempos están acompañando a la escuadra de Bruno García en el inicio de la pretemporada. No obstante, Mendiola considera que «son cosas que pasan cuando entrenas tan fuerte. Creo que Rafa volverá en breve y que, de cara a la primera jornada de Liga, la gente estará mucho mejor y más fina». Mendiola no pudo participar en el encuentro en el que el conjunto de O Ceao disputó contra el Lobelle, su equipo de procedencia. «Me hubiese gustado estar, pero habrá más oportunidades en la competición, que es donde sí quiero ganar», explica el guardameta. En el cuarto partido de la pretemporada, disputado anteayer contra el Gáldar, Bruno García alternó a los tres porteros con los que cuenta. Illi y Óscar Iglesias se habían repartido los minutos en los tres primeros encuentros. Ahora, Mendiola pide paso: «No estuve pendiente de la mano, porque el temor era recibir un golpe mal dado en la zona en la que me había lesionado».