Centollos entre rejas

María Campo

LUGO

S

on ya muchos meses desde que la presunta trama de los burdeles saltó a la luz pública. Un escandaloso asunto que por su propia temática tiende a ser ocultado. A nadie le interesa ver la realidad en todas sus dimensiones, y máxime si esa verdad pasa por el sórdido mundo de la prostitución. El sentimiento de turbación inicial ante la cascada de informaciones ha ido dando paso a cierto temor por la fragilidad de un sistema que es capaz de corromperse en todos y cada uno de los niveles posibles.

No bastaba con que chulos de poca monta estuviesen enriqueciéndose a costa de la mala vida de chicas sin más posibilidades de subsistir en el país de las oportunidades que ejerciendo la prostitución. No llegaba con que estas prácticas delictivas, que van desde la trata de mujeres, pasando por el cohecho hasta el posible asesinato, gozasen del amparo y avenencia de agentes del orden público,. No llegaba con que el asunto salpicase también a algún político propenso a hacer favores. Como todo es susceptible de empeorar, a la jueza que instruye el sumario no hacen más que ponerle zancadillas en forma de apagones informáticos o cuestionándole sus detenciones en las instancias judiciales superiores.

Ahora, los tentáculos de la corrupción llegan hasta la propia cárcel. Lo único que faltaba es que los implicados, una vez entre rejas, obtuviesen beneficios más propios de hoteles de cinco estrellas que de un centro penitenciario. El colmo del surrealismo es que se les permita hacer fiestas con marisco encargado a Vilagarcía.

Dicen que los comentarios de los presos «hay que cogerlos por los pelos». Lo mismo ocurrió con las denuncias anteriores al descubrimiento de esta trama. Por eso ahora cuesta tanto desatascar las malolientes cloacas.