Odisea del «Garoa» hasta Belesar

Xosé Ramón Penoucos Blanco
X. R. Penoucos SARRIA/LA VOZ.

LUGO

El traslado del barco de Viveiro al sur de la provincia duró más de ocho horas, y en algunos puntos fue preciso desinflar el camión para que librara de los puentes

01 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El traslado del Garoa desde Viveiro hasta Portomarín, alrededor de 130 kilómetros, se prolongó durante ocho horas en las que el convoy que acompañaba al barco pasó por todo tipo de peripecias.

El tráiler con la parte principal del barco tenía una longitud de unos 30 metros, y el que trasladaba la cabina, alrededor de 20. A ello hay que sumar los coches de escolta y los agente de la Guardia Civil de Tráfico de Burela y Lugo. En total todo sumaba una caravana de cerca de 100 metros que tuvo que atravesar la provincia de norte a sur.

La operación comenzaba el pasado lunes, cuando separaban la cabina del barco y preparaban ambas partes para su traslado. Los encargados de hacerlo finalizaban su tarea a las cuatro de la madrugada.

El martes, sobre las diez, cargaban ambas parte en dos camiones y a las once partían de Viveiro, originando un atasco monumental en la ciudad. El principal obstáculo fue el puente del ferrocarril, cuya altura no era suficiente para permitir el paso del yate. La solución fue desinflar las ruedas del camión hasta que pudo pasar con apenas unos centímetros de margen.

El resto del viaje, gracias en gran medida, según los propietarios del barco, a la labor de la Benemérita, transcurrió con normalidad y solo se detuvieron a comer en un área de servicio de Vilalba en la que las patrullas de Tráfico hicieron el relevo.

El resto del trayecto se desarrolló con la lentitud habitual pero sin ningún tipo de incidencia, hasta que llegaban a Portomarín alrededor de las siete de la tarde. La noticia de la llegada del yate corrió como la pólvora por la localidad y enseguida decenas de curiosos se acercaron a ver una embarcación cuyo ancho ocupaba todo el puente sobre el Miño.

El peso del barco se aproxima a las 45 toneladas y por ello fue necesaria la presencia de dos grúas gigantescas para depositarlo mansamente en las reposadas aguas del embalse.

La maniobra fue realizada con precisión matemática y el Garoa probó el agua dulce de Belesar apenas dos horas después de llegar a Portomarín, y tras una jornada de muchos nervios.