El camino de Ramiro

José Ramón Ónega

LUGO

21 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Montaigne escribió: «A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de que huyo, pero ignoro lo que busco». Ramiro Arca, lancarino, miembro de la asociación Amigos del Apóstol y del Camino de Santiago, no huye ni ignora lo que busca, porque lo tiene claro. Se puso en camino a Compostela con los atributos clásicos del peregrino -esclavina, bordón, calabaza, vieira- para reivindicar la antigua senda real que une O Poio con Lugo.

Hombre práctico, Ramiro quiere recuperar los primeros pasos de los peregrinos primitivos y pide que se recupere aquella variante del Camino Francés. Ramiro, que es de Láncara, ya digo, persigue la promoción turística de Lugo. Otros con más medallas tienen menos ideas y claridad de conceptos.

Así que me sumo a su demanda, aunque sea sin la capa de peregrino, para exigir con él que se valoren dos circunstancias: una, la de que el Camino es una fuente de riqueza a poner en valor ahora que la crisis nos pisa los talones y nos aprieta el gaznate. Dos, un llamamiento a las autoridades de la cosa para que recojan los pasos de Ramiro y los conviertan en proyecto real.

Si todos nos dedicásemos a pensar cómo mejorar el país, en vez de perder el tiempo en escuchar el rollo agresivo del debate del estado de la nación, otro gallo nos cantara. O sea, otro camino podríamos recorrer.

Aquí no se vende bienestar, sino moralina. Aunque algunos políticos se lo curran, otros practican rutilantes brindis al sol. Miran la vida patas arriba, como la nadadora Gemma Mengual, que nos dio el oro olímpico. Dice ella que patas arriba se ahoga. Pues sí: incluso algunos en un vaso de agua.

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