Pepe, Pepiño, Pepito, Queixo, así era llamado en Sarria desde su niñez el escultor José Díaz Fuentes. Fue una persona popular,simpática, cordial, ocurrente, amiga de sus amigos, imaginativa. Desde entonces practicaba las artes de su futuro oficio, casi siempre con una navaja en la mano con la que modelaba un trozo de madera. Hemos sido íntimos desde nuestra infancia. Fuimos colegas en las fiestas de verano, con respeto a la regla de no ceder la pareja. Jugábamos al subastado formando un equipo imbatible. Tengo muchas anécdotas. Recuerdo una Nochevieja en el baile de La Unión, donde apareció un hombre de unos 30 años, con pinta de emigrante adinerado, y enormes gafas de sol. Pepiño se le acercó y, sin más, le preguntó: «¿aínda ten cupós para hoxe?», ante las carcajadas.
Mi amigo nació en Sarria el 5 de agosto de 1940 y murió en París el pasado 30 de mayo. Tras el inicial aprendizaje del uso de las gubias y del modelado de barro con un tallista, en Sarria, entró en el estudio del escultor compostelano Castor Latas Montoiro. Después, realizó estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona y en la Escuela de San Fernando de Madrid, para instalarse en París en 1970, donde fijó su residencia. Su técnica era amplísima y usaba materiales, como piedra, madera, acero, mármol, azabache... Consiguió medallas en reconocimiento de su tarea, como la del Mérito de la Escultura, entregada en el Senado francés y el Premio Europeo de Escultura que le otorgó el jurado del salón que se celebra cada decenio en Caen.
Dejo aquí escrito mi sentimiento y consuelo a Florence y Emily, su mujer e hija, a sus hermanos Antonio y Miguel y demás familia: Pepiño, iré a verte en mi primera visita a Sarria y te prometo otras cada vez que vaya a nuestra villa.