Del valle de Lemos a Atapuerca

Francisco Albo
Francisco Albo MONFORTE/LA VOZ.

LUGO

Los arqueólogos estudiarán con gran atención las similitudes tecnólogicas entre las industrias paleolíticas de la depresión monfortina y las de la sierra burgalesa

26 may 2010 . Actualizado a las 10:25 h.

A finales del mes pasado se completó el rastreo de los yacimientos prehistóricos del valle de Lemos iniciado en la primavera del 2006 dentro del proyecto de investigación de las poblaciones paleolíticas del sur lucense que coordina la Universidad de Santiago. Según las previsiones de los arqueólogos, el estudio de laboratorio de los numerosos materiales y los datos recogidos durante las sucesivas campañas realizadas en la zona llevará todavía bastante tiempo. Uno de los aspectos a los que se prestará especial atención en estos estudios es el relativo a las similitudes técnicas que parecen existir entre las industrias líticas de la cuenca del Cabe y las de algunos de los yacimientos de Atapuerca. Esta semejanza ya fue apuntada por Eudald Carbonell -codirector de las excavaciones de la célebre sierra burgalesa- en una visita que hizo a Monforte el pasado año y, según indican los investigadores, presenta un gran interés científico por diversos motivos.

Xosé Pedro Rodríguez, arqueólogo del Proyecto Atapuerca que codirige las investigaciones del sur lucense, señala a este respecto que los cerca de cuatrocientos kilómetros que separan ambas zonas no son un obstáculo insalvable para la difusión de unas técnicas que se desarrollaron durante decenas o cientos de miles de años. «La distancia geográfica no es muy grande y es perfectamente posible que hayan existido conexiones culturales entre estos dos territorios», explica.

En opinión de Rodríguez, puede ser particularmente interesante realizar comparaciones entre las industrias del valle de Lemos que han sido asignadas al Paleolítico Inferior y a los comienzos del Paleolítico Medio y las de los yacimientos de Atapuerca conocidos como Trinchera Galería y Gran Dolina, que corresponden también a este período de la prehistoria. En el primero de ellos se han diferenciado varios niveles arqueológicos que abarcan aproximadamente desde hace unos 450.000 años hasta hace unos 200.000. En los niveles superiores del yacimiento de la Gran Dolina, por otro lado, se han encontrado unos 20.000 artefactos con una antigüedad de en torno a 250.000 años.

Dataciones

El estudio comparado de estas industrias -continúa el arqueólogo- puede ser de gran ayuda para determinar con mayor precisión la edad de los artefactos más antiguos localizados en la depresión monfortina. Los yacimientos del valle de Lemos son muy difíciles de fechar porque la gran mayoría de estos materiales aparecieron esparcidos por la superficie del terreno, fuera de su contexto original. En estas condiciones, los investigadores solo pueden estimar su posible antigüedad de un modo aproximado, basándose unicamente en la morfología de los objetos. Las industrias de Atapuerca, por el contrario, se han conservado en las viejas capas de terreno que se formaron en los mismos tiempos en que estas herramientas fueron fabricadas, y están acompañadas además por numerosos restos biológicos, lo que permite determinar su antigüedad utilizando métodos estratigráficos y radiométricos. «Las industrias de Atapuerca están bastante bien datadas y pueden ayudarnos a determinar mucho mejor la edad de las industrias de la zona de Monforte si logramos precisar bien las similitudes técnicas entre unas y otras», dice Rodríguez.

Otro aspecto de gran interés para los arqueólogos es el estudio de las materias primas utilizadas en una y otra zona. Los artefactos hallados en el valle de Lemos -como la mayor parte de las industrias paleolíticas gallegas- están fabricadas con cuarcita. En los yacimientos de Atapuerca también hay industrias en cuarcita, pero predominan las elaboradas con sílex y arenisca. Comparar las técnicas empleadas para trabajar estos diferentes tipos de material en los yacimientos gallegos y burgaleses pueden proporcionar datos de gran valor sobre la evolución las de las primitivas tecnologías en el norte de la Península. «Hay muchas variables que estudiar, como el tipo de materia prima, la calidad de los materiales o las peculiaridades técnicas de cada zona, que seguramente nos proporcionarán informaciones muy interesantes», añade el arqueólogo.