La triple A

LUGO

28 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Standard & Poor's acaba de comunicar su decisión de rebajar el rating sobre la deuda soberana griega hasta BB+/b desde BBB+/A-2. El informativo escupe el jeroglífico y la audiencia del bar de turno lo mastica a duras penas. Alguien, armado solo con una caña de cerveza, se atreve a decir: «Si no tienes una triple A no eres nadie». Y se hace el silencio. Aunque el que calla no siempre otorga. Unas veces simplemente pasa de largo. Y otras guarda sus palabras para terrenos menos pantanosos.

Es toda una paradoja que a Grecia la rejoneen con un alfabeto ajeno. La AAA es la cima. La D marca el fondo del pozo. Las agencias de calificación reparten sobresalientes y cates sin piedad. Ejercen de frías institutrices inglesas que sacan a pasear la vara y cargar contra las economías privadas y públicas que no hacen sus deberes. Ahora torturan los nudillos de algunos. Pero cuando se cocía esta crisis no castigaron a tiempo pecados capitales. Justo antes de que Lehman Brothers se fuera por su propia taza del váter, Standard&Poor's le otorgaba una A+1. Y después de que los números y las evidencias tiraron de la cadena, la nota descendió hasta la D.

A estas agencias puede aplicárseles perfectamente esa frase dedicada a los bancos que dice que da el paraguas si hace sol y te lo quita cuando llueve. Soplan cuando la burbuja se eleva y dan la puntilla cuando cae hacia el suelo. Hacen leña del árbol caído. Y les cuesta admitir errores. Ni a la hora de juzgar baches económicos ajenos ni a la de corregir comportamientos propios. Estados Unidos las está investigando por posible fraude inmobiliario cuando los precios de la vivienda crecían y crecían. Sus nombres ya no solo se asocian a las soluciones al laberinto financiero, parece que también suenan entre los problemas. ¿Quién establece el rating de las agencias? ¿Se merecen una triple A? ¿O un triple mortal? Quizás el gato necesite un cascabel.