Una primavera de fiesta

LUGO

Lugo acogió la cumbre internacional contra la droga mientras sus policías pasaban por el juzgado por el caso de las multas

25 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

En Lugo, a veces, hay semanas así. Semanas en las que todo se acelera, en las que hay un estrés de políticos, días de agendas frenéticas, un ir y venir incesante a mayor gloria de los protagonistas de la vida pública. La que acaba fue una de esas semanas. Los días idos vieron a la vieja urbe amurallada convertida en capital internacional de la lucha contra la droga. También nuevos capítulos de las investigaciones judiciales en los casos de los clubes y de la presunta anulación irregular de sanciones en la Policía Local. Días agitados, sí. Tanto, que el gobierno del socialista Orozco, ocupado como andaba en la cumbre contra la droga, quizá no reparó en que el programa de una fiesta organizada por el Concello, en uno de sus centros cívicos, recogía una invitación a vino manzanilla, mientras la edila del ramo declaraba que el alcohol está a punto de echar a perder a una generación. Fue una semana loca, de ésas que hay a veces.

En Lugo, el Concello prepara una ordenanza contra el botellón e invita a una cata de vino manzanilla en el centro Maruja Mallo. La preocupación de la concejala Carmen Basadre por el desnorte de una generación aficionada al alcohol de fin de semana se remansa, aquieta y relativiza en el centro social y al ritmo de sevillanas. De sevillanas, sí, que, según se ve, son la sal y la pimienta de lo que Basadre llama Festa da Primavera. ¿Qué sería una fiesta primaveral cargada de sevillanas sin un vinito manzanilla? Poca cosa, casi nada. Y más para los socialistas que, ya se sabe, tanto rédito le sacaron, allá por la presidencia de Felipe González, a la bodeguilla, que es la versión fina, reducida y fetén del botellón y el calimocho. Basadre inaugura una fiesta con fino y la cierra con «cata de manzanilla», mientras el alcalde cultiva su huerto electoral en una cumbre contra la droga que da proyección internacional a la ciudad.

Lugo, vestida por unos días de capital mundial de la lucha contra la droga, tuvo en su policía, en los lejanos tiempos previos al gobierno de López Orozco , una sección propia para combatirla. Pero eso fue hace mucho tiempo. Entonces los agentes solían pasar por los juzgados para empapelar chorizos; hoy, los frecuentan como imputados en el caso de la presunta anulación de sanciones y así. Una vez que se apruebe, si se aprueba, que no será fácil, la ordenanza cívica, que es la ordenanza contra el botellón, al agente municipal le tocará aplicar la ley seca en madrugadas quizá airadas.

En la poca izquierda a la izquierda del PSOE que aún colea en Lugo, la norma en proyecto se resume en una palabra que suena a túnel del tiempo, como la ordenanza misma: «represiva». Carlos Dafonte , la izquierda incombustible, lo tiene claro: es una ordenanza represiva y no sólo en el campo siempre polémico del botellón, sino también en el del pacífico y ecológico monopatín. Y más. Pero la ordenanza aún no cubrió todo el trámite legal y puede perderse por el camino. O eso o lo de los finos y manzanillas de la municipal fiesta de la primavera habrán de quedar bajo sospecha y vigilancia de la Policía Local. Ya avisó Gabriel Marcel que cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive. Al pie del programa de la fiesta -no se le escapó al nacionalista Xosé Chorén - figura el anagrama del programa lúdico +xti, una oferta de ocio del Concello para mantener a los chavales alejados del alcohol.

Fue, esta que acaba, una de ésas semanas de agendas frenéticas. Tuvo por prólogo el homenaje al ministro Blanco y se estrenó con un desfile de moda. El socialista Gómez Besteiro completa desde la Diputación el escenario político en el que se mueve como pez en el agua su maestro Orozco. Mientras el alcalde pilotaba la cumbre contra la droga, Besteiro anunciaba inversiones millonarias. Y así, claro, en Lugo hay quien cree ver en el PP angustiadas miradas hacia Santiago, silenciosas (aún) llamadas de auxilio al equipo de Feijoo. Jaime Castiñeira y los suyos se baten con brío en el campo político sin el paraguas autonómico y hurgan estos días en dos asuntos de final incierto. El portavoz popular no está dispuesto a dejar correr el pago de una obra que cree inacabada y Enrique Rozas ha vuelto a sacar a la luz el curioso caso de una grúa; es un asunto que puede arrastrar algo más que coches, que quizá haga recordar a Francisco Fernández Liñares sus días de concejal. Son las cosas de la política. Acogidos al talento del poeta R.L. Frost, los que viven de ella saben que, como en el deporte de la raqueta, «a la pista se va a jugar al tenis, no a ver si las líneas son rectas». Por eso pasa lo que pasa y se ve lo que se ve aún sin recurrir al vino manzanilla. Por eso, en Lugo, sí, hay semanas así.