El ministro de Fomento alimenta la moral electoral de los socialistas lucenses con las obras de las autovías gallegas
07 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.En Lugo, las gentes que vienen y van cruzan ríos por viejos puentes que son los mismos que cruzaron otros lucenses que iban y venían a lomos de mula y con billete de diligencia. Los puentes de hoy que son los mismos de anteayer se caen, y los lucenses que vienen y van se ven obligados a gozar del paisaje por pistas infames, arriesgan el tipo y se desesperan en rutas disparatadas. La carretera Lugo-Santiago, cortada hasta ayer allí donde se hundió el viejo puente de Guntín, fue una metáfora, el camino a ninguna parte que tantas veces transitó la provincia. Atrapada en su laberinto, Lugo, como el caracol de Gómez de la Serna, «siempre está subiendo su propia escalera». Al menos esta vez el ministro de las carreteras es lucense y no le gusta que le supongan el valor. Blanco viajó a Lugo en cuanto pudo para explicar los avances en la construcción de la autovía Lugo-Santiago y anunciar la reapertura de la vieja carretera.
José Blanco
, veterano de mil batallas políticas, sabe que el votante perdona más fácil el error que la cobardía. Error al fin es no renovar debidamente infraestructuras viarias agotadas por el tiempo y el uso, como el puente hundido en Guntín, en la carretera de Santiago. Cobardía hubiese sido alterar su agenda para evitar una visita a su tierra cuando la vieja carretera estaba cortada y la autovía aún es una esperanza que empieza a cuajar. Blanco recibirá la insignia de oro de la CEL el próximo 16 de abril y estos días tuvo ocasión de demostrar por qué el colectivo empresarial que preside Eduardo Jiménez quiere agradecerle su compromiso con la provincia. La rápida reacción en el caso de Guntín lleva la misma marca que el enérgico impulso que experimentó la construcción del nuevo puente de la capital lucense con la llegada a Fomento de Blanco. Ahora sólo falta que el ministro no olvide, en estos días de recortes en los planes de inversiones, que Lugo ya ha sufrido durante décadas miserables inversiones en sus infraestructuras viarias; por lo que dijo, parece que no, que no lo va a olvidar.
Blanco, dicen algunos, puede ser candidato a la presidencia de la Xunta. Igual por eso el actual presidente del Ejecutivo gallego, Alberto Núñez Feijoo , estuvo en Lugo veinticuatro horas antes de la visita del ministro. Sea como sea, la capital lucense está en el mapa político ahora que se acerca una cita con las urnas en el campo local. Hay así como una especial efervescencia entre la clase política y muy señaladamente en los que buscan señales de su continuIdad, incorporación o caída de las listas electorales. Quizá por eso hay marejadas en algunas casas políticas, como la de los socialistas de Foz. Con Blanco estuvo en Lugo Pachi Vázquez , y los dos dejaron mensajes muy claros a los hombres de Feijoo y de Barreiro : van a por todas para conservar la Diputación y mantener las alcaldías conseguidas. «Tenemos razones para que la gente confíe en nosotros», dijo el ministro Blanco y añadió una orden a la parroquia socialista: «Cada día tenemos que dar más razones».
En la capital lucense, al candidato, aún no oficial, del PP, Jaime Castiñeira , el ministro de Palas se lo está poniendo difícil. Castiñeira en las últimas semanas parece buscar cotas de protagonismo en el ámbito municipal de modo más intenso a como lo vino haciendo hasta el momento. Hay quien cree que el más que probable aspirante puede haber iniciado su carrera hacia la alcaldía con un déficit notable de colaboradores. Otros en su partido se equivocaron antes que él y le facilitaron las cosas al socialista López Orozco . Y Orozco, pese a los casi tres mandatos que lleva al frente de la corporación, es aún mucho Orozco. El desgaste, si es que lo acusa, está más en sus colaboradores, en una parte de su equipo que en él. Hay síntomas que indican que, como Castiñeira, probablemente debe revisar su entorno. Está en riesgo de perder a corto plazo a alguien que en los últimos meses le ha prestado un servicio profesional tan valioso como le dispensó quien hoy asesora al presidente de la Diputación, Gómez Besteiro . Ayer, cuando los socialistas lucían músculo, el Bloque celebraba una jornada sobre financiación local. Los de Besteiro pisan el acelerador, mientras los nacionalistas acuden a clase. El BNG está «subiendo su propia escalera».
Ayer, mientras las gentes que en Lugo vienen y van por la carretera de Santiago podían de nuevo circular por el puente de Guntín, los socialistas se aprestaban a cumplir la orden de Blanco. Seguro que más de una vez recuerda el aviso de Tierno Galván: «El poder es como un explosivo; o se maneja con cuidado o estalla».