El fallo del tren de cercanías obligó a que los pasajeros tuviesen que ir en taxi de Parga a Lugo

Irene Quintela

LUGO

03 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Ayer por la mañana, Elsa esperaba impaciente el tren en la estación de Parga. Eran las diez, y el convoy que tendría que haber pasado seis minutos antes con destino a Monforte de Lemos no llegaba. Mientras aguardaba sentada en uno de los asientos, un joven se le acercó y le preguntó si se dirigía a Lugo; ante la respuesta afirmativa de la mujer, el hombre le explicó que era taxista y que, debido a un corte en un tramo de la vía anterior a la capital, Renfe había dispuesto un servicio de taxis que recogerían a los pasajeros en las estaciones para llevarlos a tiempo a sus destinos. Tras una parada rutinaria en Baamonde, el chófer siguió camino a la capital del municipio, Begonte. Allí, un matrimonio ya anciano agradeció al joven conductor la atención y subió al automóvil. Se dirigían a Rábade, pues era día de feria y había que comer el pulpo. Elsa, entonces, recordó que treinta años atrás esa misma pareja también visitaba Parga en los días de comercio y que a veces comían en la Casa do Carballido, la taberna que su familia regentaba. Los ancianos apenas se acordaban de la mujer, pues hace tiempo que no visitan la villa por falta de transporte. Al dejar al matrimonio en Rábade, donde no subió nadie más, el conductor y Elsa toman la autovía dirección Lugo. A medio camino, el teléfono suena, y otro taxista que había ido a recoger a Guitiriz a los pasajeros procedentes de A Coruña confirma que lleva a la mayoría de los clientes; es decir, a cuatro, el máximo permitido en un turismo. De camino a la estación, el conductor pregunta a Elsa si no conduce, a lo que ella respondió negativamente. Entonces, el joven habla de la necesidad de tener vehículo propio en Galicia, donde la dispersión poblacional hace que, para muchos, el tren de cercanías haya perdido su razón de ser. Diez y media, fin de viaje.