Lugo, bajo las leyes de Murphy

LUGO

Las instituciones lucenses gastan notables esfuerzos en conflictos que no resuelven los problemas de la provincia

07 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Lugo, ya se sabe, es una provincia regida por las leyes de Murphy, que son las leyes de la máxima fatalidad con el mínimo esfuerzo. En Lugo, si algo puede ir mal, es seguro que irá peor. Quizá sólo la tiranía de la fatalidad puede explicar que la Diputación esté cerca de perder el legado museístico de Álvaro Gil , que las obras de la pasarela peatonal sobre el Miño lleven más de un año paradas, que los caballos invadan la A-6, que los policías locales desfilen día tras día por los juzgados, y así y más. Murphy, el cenizo, encuentra en Lugo terreno abonado para la comprobación empírica de sus formulaciones teóricas. Claro que, tal vez, el capitán Ed Murphy carga con culpas atribuibles al ejercicio prolongado de la inepcia política, a la práctica inmoderada de la estulticia en la gestión, a la estomagante confianza de los políticos pagados de sí mismo. Demasiados años de lo mismo acaban por hacer buenas las leyes del capitán.

El socialista José Ramón Gómez Besteiro y el nacionalista Antón Bao van camino de pasar a la historia provincial como el dúo bajo cuya dirección la Diputación se quedó sin las piezas que conforman el legado de Álvaro Gil. Quizá las leyes del capitán Murphy tienen algo que ver en este lío, pero no cabe duda de que algún mérito tiene también la gestión hecha por anteriores gobiernos provinciales, todos ellos presididos por Francisco Cacharro . Pero la batalla aún no ha concluido y puede ser larga. Este asunto, en el que a la sombra de la cultura asoman intereses de más baja consideración, tiene un perfil político que, por infrecuente, resulta alentador: la oposición popular, pilotada por José Manuel Barreiro , parece dispuesta a librar la batalla en la misma trinchera que el gobierno provincial.

Aunque sea por una vez y sin que siente precedente, sería cosa de agradecer que los tres grupos de la corporación se mojasen unidos en defensa de los intereses de la institución, de la provincia. La misma en la que no pocos jubilados han visto cómo de sus pensiones se caían unos cuantos euros que tanto necesitan. Extraña cosa es esta de la economía; extraña e injusta, que hace bueno el aviso del escéptico Bukowski: «Algunas veces la gente insignificante que se queda mucho tiempo en un mismo sitio alcanza cierto nivel de poder y prestigio». A la vista de lo que ocurre en la economía española, es evidente que el poeta del realismo sucio tenía razón. Y así están las cosas. Por ejemplo, en la Policía Local de Lugo, que va camino de instalar su segunda sede en el edificio de los juzgados, como consecuencia de la investigación por la presunta retirada irregular de sanciones. También en este asunto, en la gestión de la Policía Local, es evidente que Bukowski tenía razón: demasiado político insignificante durante demasiado tiempo mal dirigió un servicio hasta situarlo donde se encuentra. Es una vieja historia que viene de muy atrás, casi desde el principio del período democrático.

Lugo, sí, es territorio regido por las leyes de Murphy. Quizá el capitán Ed hubiese enunciado así la regla: Si un caballo se puede colar en la autovía A-6 y provocar uno o varios accidentes, es seguro que se colará. El caballo entró en la autovía a la altura de Nadela y armó una notable zapatiesta. Los conductores que en plena A-6 ven galopar un caballo hacia ellos, es probable que hagan examen de conciencia para tratar de recordar cuando fue la última vez que alucinaron; después, quizá compartan con Bukowski, cuando la autoridad explique el incidente, la seguridad de que «el hombre capaz de sonreír cuando las cosas van mal, ya ha pensado a quién le echará la culpa». Pasa mucho también cuando se conocen los resultados electorales. Seguramente volverá a ocurrir en las elecciones del 2011.

A día de hoy, según la encuesta de Sondaxe, el socialista José López Orozco mantiene su posición de liderazgo en la política local. Tras más de diez años de gobierno, el profesor de Filosofía aún conserva el tirón del líder. Pero el popular Jaime Castiñeira se ha instalado en la escalera y sube peldaños. A más de un año de las próximas elecciones locales, empieza a mostrarse como un rival peligroso. Todo anuncia un mano a mano entre Orozco y Castiñeira que dejará poco espacio para el aburrimiento en la política local. Uno y otro tendrán que esmerarse en la elección de quienes les acompañarán en sus respectivas listas; seguramente habrán de librar duras batallas contra los murphys que traten de colarles candidatos «insignificantes», que diría Bukowski. O dicho al estilo del capitán Ed: «No hay tarea tan simple que no pueda hacerse mal».