La política es faro de luz cuando se ejerce con sabiduría. Ocurrió estos días con los políticos de Lugo que viajaron a Madrid llevando la tierra, el paisaje, el viento, la piedra y el agua. Suena poético y lo es. Arribaron primero los grandes: Gómez Besteiro, la ardiente ambición reparadora de la Diputación. Orozco, la muralla épica y el sabor diverso de la ciudad encantada. Raquel Arias, la vocación coordinadora de la Autonomía y el relámpago inspirado de la gestión.
Los empresarios hosteleros, que escriben poesía y hacen arte excelso del buen yantar, llegaron con las recetas gloriosas de un país que es gloria en la mesa. Cheché, excelente anfitrión que preside el ramo. Alberto, mesón y hotel. Verruga, la historia viva del yantar. Daba gloria verlos con la flor bendita del pan y el sabor de una tierra que es paraíso celeste. También los periodistas con la pluma mojada en morriña: Marta Rivera, Jenaro Castro, Pilar Falcón, Carlos Reigosa.
Y llegaron los alcaldes, dioses menores que cada día representan el poder y ofician el servicio. No estuvieron todos, pero dejaron mensaje y oración de servicio los de la Mancomunidad de la Terra Chá: Castosa, de Cospeito, que preside; López Rancaño, de Abadín; Diaz Valiño, de Castro de Rei; Pardo, de Outeiro de Rei; Iglesias, de A Pastoriza. En el zurrón llevaron la historia, el agua, el paisaje eterno, la mesa excelsa. Me emocionaron haciendo piña, destino de pueblos unidos caminando al futuro. ¿Qué esperan el resto de los chairegos para unirse a la piña?.
Lugo, acudiendo al Fitur, esa feria de excelencias, triunfó en la metrópoli excesiva que es Madrid. Con el corazón y la palabra, las puertas se abren para mostrar el paraíso.
Los de Lugo no sabemos los que tenemos.