Lo más antiguo de Lugo y Asturias

Benigno Lázare

LUGO

Durante un cuarto de siglo miles de piezas pasaron por las manos del anticuario fonsagradino Tino Monjardín, que conoce todos los rincones de varias comarcas

20 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

«Cando eu comecei nisto as flores xa as levaran outros», dice Tino Monjardín, el anticuario de A Fonsagrada y profesional de referencia en las comarcas de la montaña de Lugo y Asturias. Tras 20 años trabajando como pintor, un día decidió tirar las brochas y dedicarse a las antigüedades, que era lo que realmente le gustaba, y en ello lleva 26 años, ahora más como afición. Durante este cuarto de siglo largo pasaron por sus manos miles de piezas de todo tipo y valor, y entre ellas la que alcanzó el mayor precio fue el retablo que se expone en el Museo Comarcal de A Fonsagrada, que se lo compró la Consellería de Cultura hace cerca de 15 años por 21.000 euros.

Su especialidad son las antigüedades rústicas y conoce como nadie la situación de la zona rural en este aspecto. A pesar de no haber llegado en los primeros años de oro de los anticuarios, Monjardín reconoce que consiguió muchas cosas y muy buenas en lugares por los que habían pasado otros profesionales, sobre todo los de Ourense y Sarria. Hoy las piezas interesantes que se consiguen son habas contadas porque, según dice, queda de lo que abunda pero las cosas de valor pertenecen a personas que las quieren conservar.

El anticuario señala que las imágenes de santos y crucifijos son difíciles de comprar en las aldeas porque mucha gente tiene prejuicios de carácter religioso e incluso le parece un sacrilegio. En cambio, los vendedores suelen darle más valor a armarios, camas y muebles que a veces lo tienen muy limitado que incluso conocieron al carpintero que los hizo. Carros de vacas y aperos de labranza tienen menos aprecio, incluso por sus propietarios originales, criterio que coincide con el de los anticuarios porque suelen ser elementos que abundan.

Piezas para 13 museos

El anticuario fonsagradino dedicó un porcentaje muy importante de su tiempo a la localización de piezas para museos gallegos y asturianos. Afirma que montó o colaboró con 13, algunos muy modestos y otros muy importantes.

En la relación figuran el Museo Comarcal de A Fonsagrada, el Museo do Pobo Galego, el de Cervantes íntegro, el Sargadelos de Santalla, el de Vilanova de Oscos, el Museo Vilarguille de San Martín de Oscos, el de Puerto de Vega, el Museo del Pueblo de Asturias, el de Bellas Artes de Oviedo, el de Quirós, el del Vino de Pesoz y en parte el de Cangas de Narcea.

Afirma que en algún caso el trabajo fue especialmente laborioso porque le daban una larga relación de piezas que tenía que conseguir, entre las que siempre existían varias de difícil localización. Además, «ao fin isto é un negocio», y los vendedores sabían cuando podían ponerse exigentes. Con respecto a lo anterior Monjardín recuerda dos casos especialmente trabajosos. Uno fue la compra de una muxega , cajón en el que se echa el grano en los molinos antes de caer en la piedra. La que él necesitaba era de un tronco de árbol y la tenía un asturiano que lo hizo sufrir bastante. También le costó trabajo conseguir un rodicio de madera, que tenía otro.

«Eu son moi buscador e atopei cousas moi importantes», señala el anticuario, que también destaca la sensibilidad de cada uno para detectar piezas que a otros les pasan desapercibidas. Su escuela fueron la experiencia y las muchas ferias visitadas.