El pronóstico más factible no se cumplió ayer en el Pabellón Municipal. El Pinto compareció en la guarida del Azkar con la vitola de cenicienta de la Liga, con sólo dos empates en catorce jornadas. Sin embargo, el portero visitante se transformó en un muro infranqueable para los discípulos de Bruno García. Los de O Ceao, que tuvieron el punto de mira desviado a lo largo de la tarde, funcionaron como un microondas. Después de una floja salida, calentaron el motor cuando se vieron con dos goles de desventaja y dieron la vuelta al marcador. Sin embargo, se desconectaron con el 3-2 y permitieron a los madrileños pescar un jugoso botín.
El inicio del encuentro fue demasiado frío. A pesar de que el Azkar se hizo el dueño de la posesión, el Pinto no perdió la concentración y se resguardó con orden de las acometidas de los locales. Los madrileños adoptaron la táctica de las abejas. Una vez protegida la colmena defendida por un inmenso Álex, aguardaron su oportunidad para propinar picotazos a base de velocidad y contraataques. Y les salió bien, ya que dos arreones dejaron grogui a los de O Ceao.
Los lucenses buscaron la fortuna en las jugadas a balón parado. Una falta botada al borde del área trazó varios ángulos perfectos para que Fernandinho empujase con suavidad a la red. El primer tanto sirvió a los de Bruno García para templar los ánimos. Y, una vez igualada la contienda, los azulones pusieron cerco a la portería del Pinto. Pero Álex bordó el papel de abeja reina y realizó paradas imposibles para salvar a los suyos.
Completado
El Prone culminó la remontada justo al regreso de los vestuarios y, con ello, inyectó una alta dosis de tranquilidad en sus venas. El Pinto aparentaba encontrarse en caída libre y apenas conseguía aproximarse a la meta defendida por Óscar.
Hasta que, de nuevo en una transición ofensiva, Pizarro devolvió las tablas al electrónico. Los visitantes aprovecharon el desorganizado repliegue del Azkar para sacar brillo de nuevo a su aguijón y para golpear de lleno en la moral de los de O Ceao.
La tensión creció a medida que el desenlace se fue aproximando. El conjunto local era el que llevaba el peso del partido y los lanzamientos exteriores, mientras que el Pinto se agazapaba para afilar un anhelado aguijonazo. Adri se colocó como portero-jugador en filas del Azkar, pero los lucenses no gozaron de clarividencia ofensiva a la hora de ejecutar las superioridades.