El Breogán triunfa en el sufrimiento

LUGO

Sangre, sudor y lágrimas. Fueron tres de los ingredientes que el Breogán tuvo que mezclar ayer para someter al Burgos. Y eso a pesar de que los visitantes firmaron un encuentro que dejó mucho que desear y que los celestes dominaron durante la práctica totalidad. Pero, una vez más, el Leche Río fue víctima de su irregularidad a lo largo del partido y no respiró tranquilo hasta que Betinho anotó dos tiros libres cuando restaban tres segundos para la finalización.

El Breogán se puso las pilas desde el salto inicial. Un parcial de 6-0 supuso las credenciales de un conjunto celeste que quería poner fin por la vía rápida a la racha de dos derrotas consecutivas. El Burgos reaccionó y, de la mano de Anagonye, tomó la única delantera de la primera mitad (12-15). Pero la segunda falta del nigeriano cambió por completo el decorado.

El Leche Río se hizo amo y señor de las zonas y encontró en Adrien a su mejor estilete. Las ventajas a favor de los locales crecieron con facilidad. Y los de Casadevall, con un baloncesto a cámara lenta y una defensa que cojeaba por los cuatro costados, deambulaban sobre el parqué mientras se aferraban a la respiración asistida.

Los celestes dominaron el rebote ofensivo y encontraron buenos tramos de acierto para alcanzar el descanso con una ventaja de diez puntos.

Y todo siguió por similares derroteros tras el intermedio. A pesar de que el Ford pisó el acelerador con timidez, el ralentí le iba a la perfección a un Leche Río que no echaba de menos a Nacho Ordín.

Sin embargo, en cuanto las ideas ofensivas desaparecieron en el Breogán, el Burgos regresó al partido en un abrir y cerrar de ojos. Después de lo visto durante más de media hora, parecía imposible que a los de Casadevall todavía les pudiese latir el pulso.

Especulación

Y en el último cuarto, la especulación estuvo a punto de costarle cara al conjunto lucense. Las ideas ofensivas se detuvieron por completo y, a pesar de que Corrales colaboró inestimablemente con el Leche Río mediante su paupérrima dirección, el Burgos siguió a lo suyo.

Lorant encontró un filón mientras que la ruleta rusa de Xavier perdía precisión a medida que la ventaja del conjunto de Rubén Domínguez decrecía gota a gota.

Y entonces, todo se puso de cara para Zach Morley. El asesino silencioso volvió a acechar por el Pazo Universitario, aunque esta vez con una camiseta que no llevaba cosido el escudo del león. El estadounidense mareó a la defensa del Breogán y, con ocho puntos consecutivos, devolvió la delantera al Ford por segunda vez a lo largo de la contienda (63-64).

Partido nuevo, con un Breogán completamente atascado y un Burgos que apenas se podía creer el hecho de haber tomado la delantera después de un partido de escaso voltaje por su parte.

Pero Morley cometió su quinta falta en ataque y los locales respiraron un poco más tranquilos. Una gran acción de Adrien, que le robó el balón a Corrales, tuvo el valor de oro puro para el Breogán. Y con todo casi resuelto (78-72), los lucenses dieron una nueva vida al Burgos. Pero el parcial de 0-4 fue insuficiente antes de que Betinho sentenciase desde el tiro libre.