Lo único que Víctor Sanmartín, natural y vecino de Santiago, conocía del municipio de Guitiriz era el campamento de Parga; y lo conocía de oídas gracias a su padre, que lo pisó durante el servicio militar. Andando el tiempo, el hijo, ya casado y con un hijo, acabaría eligiendo Guitiriz como lugar de residencia.
El punto de partida fue que él y su esposa, también santiaguesa, trabajaban en una empresa del polígono de Teixeiro; y la conclusión a la que llegaron, que más valía la pena vivir cerca del lugar de trabajo que estar pendientes del coche, con el agravante de que ni siquiera coincidían sus horarios.
En julio se cumplieron dos años desde que se instalaron en Guitiriz. Sanmartín cuenta que tenían algunas dudas, que no conocían a nadie, que el niño ya iba a una guardería de Santiago... Ahora, en cambio, la impresión no puede ser mejor: dice que todos están «encantados en todos os aspectos». El niño tiene muchos amigos, tanto él como su esposa han hecho muchas amistades, e incluso el trío se ha convertido en cuarteto al nacer una niña.
La impresión es favorable. «Estamos moito máis tranquilos aquí», dice, aunque sin dejar de aportar otros matices que aumentan esa tranquilidad. «Eliximos Guitiriz porque estaba preto de Santiago e temos as vantaxes da cidade nun sitio tranquilo», explica.
Víctor Sanmartín y su esposa, Montse Rodríguez, van a Santiago los fines de semana, e ignoran qué rumbo tomarán dentro de unos años, cuando sus hijos crezcan.
El rumbo inmediato parece claro: acaban de comprar un piso en Guitiriz.