Es posible que el mediático presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, se hiciese cuatrocientas o quinientas fotos y firmase otros tantos autógrafos en el trayecto que va desde la Porta da Estación al ferial. No dejó a nadie sin atender, incluidos los periodistas que también quisieron inmortalizarse con él. Fue una de las estrellas del Domingo das Mozas.
¡Mándenos unhas anchoas señor Revilla! le gritaron unas mujeres entradas en años cuando le vieron pasar por la zona de la catedral después de haber visitado la capilla de San Froilán y también la de la Virxe dos Ollos Grandes.
Al cántabro, acompañado de su esposa y también de Orozco, se le veía como pez en el agua. Fue tal las simpatías que despertó que en la madrugada del domingo tardó casi una hora en llegar desde el restaurante en el que cenó, entre otras cosas unas vieiras gratinadas, que dijo que le encantaban, hasta el hotel. No dio abasto atendiendo a simpatizantes.
Revilla comenzó la mañana criticando al presidente del Barça, al que vetó para el ingreso en un club de fumadores de habanos, por hacer «política separatista y haber encabezado manifestaciones para pedir referendos ilegales» aprovechando su cargo. Luego continuó hablando bien de Blanco y de los lucenses. En Santander, apuntó, a los de Lugo, se los conoce por ir a comprar ganado a Torrelavega. «Siempre se dijo: tú a uno de Lugo véndele las vacas que quieras, no le pidas papeles; si te da la mano, que se las lleve. Jamás una persona de Lugo dejó un «cañón» en Cantabria», contó Miguel Ángel Revilla.