Las antenas instaladas por los alemanes en Terra Chá en la Segunda Guerra Mundial siguen caídas entre la maleza cinco meses después del paso del «Klaus»
16 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Antonio Maseda se expresa con una pregunta para explicar cuál pudo ser la causa de que las antenas de telecomunicaciones instaladas en Terra Chá en la Segunda Guerra Mundial se viniesen abajo con el paso del Klaus , como si de una plantación de pinos o de eucaliptos se tratase. «¿Que quere?», dice, no sin recordar que las torres, hablando en términos médicos, padecían los achaques del paso del tiempo y del descuido de las instituciones.
Las torres que cayeron fueron dos, la de Momán y la de Arneiro, aunque este último lugar servía en la práctica para denominar a un conjunto que contó inicialmente con tres elementos: la otra, ubicada en el municipio de Abadín, se vino abajo en el 2006, coincidiendo también con un fin de semana de crudo invierno. Maseda, natural de la parroquia de Momán, recuerda con precisión y con cercanía el funcionamiento de las torres, porque un tío suyo, Salvador Maseda Freire, trabajó durante unos 40 años como vigilante.
En la torre de A Graña de Vilarente, perteneciente al municipio de Abadín, había también un vigilante. El primer responsable entró al mismo tiempo que su tío: Antonio Maseda, con su conocimiento del tema, recuerda que se llamaba Jesús Fórneas y que era de Quintela (Castro de Rei).
La torre de Arneiro, situada en una posición central con respecto a las otras dos, era la principal. Maseda comenta que en un principio estaba atendida por militares, que más adelante se marcharon de la zona y que fueron relevados por civiles. Su tío murió en 1990 y la torre llevaba años sin apenas actividad; de hecho, a su muerte ya no se cubrió la plaza.
Vigas y motores
¿Cómo se recuerda el trabajo de aquellos años? «Había que estar alí», dice Maseda. Sin embargo, explica que eran necesarias tres personas para trasladar vigas de unos 15 metros, que se colocaban cuando había que reponer alguna. También comenta que las torres funcionaban con corriente eléctrica, pero que había tres motores, dos de gasolina y uno de gasoil, como alternativa ante posibles averías. Un solo motor, dice, bastaba para que las tres torres siguiesen en servicio.
En servicio ya no estaban a finales de enero, cuando el paso del Klaus tiró por tierra dos torres que durante años, junto con la de A Graña de Vilarente, presidían el paisaje de Terra Chá. Maseda vive ahora en Ponte de Outeiro (Castro de Rei), así que no estaba tan cerca de las torres cuando cayeron. No obstante, tampoco le produjo una gran sorpresa, pues recuerda que algunos cables habían empezado a deteriorarse antes.
De todos modos, de sus palabras se desprende algo parecido al afecto, comprensible en quien confiesa haber convivido «toda a vida» con estas instalaciones: nació en 1945, con lo que es fácil comprender su identificación con unas torres levantadas por aquellos años.
También recuerda de siempre las torres José Antonio Estévez. «Madia leva», dice para subrayar esa impresión. También es vecino de Momán, aunque algo más joven que Maseda -tiene 60 años-, y su relación con la torre de esta parroquia se funda en varias razones: parte de la instalación se desplomó sobre unos pinos de una parcela suya. Su opinión también certifica el papel de orientación que desempeñaban las dos torres: era fácil explicar a un forastero dónde estaba Momán porque la torre servía como referencia. La antena de esta parroquia y de la de Arneiro estaban a pocos centenares de metros de la LU-113 (Rozas-Abadín), mientras que la del municipio abadinense distaba algo más de la carretera.
Nostalgia
En las palabras de Estévez hay algo que parece nostalgia por las torres. «Daba gusto velas», afirma. Juan Novo, vecino de Arneiro, también confiesa el impacto que ha supuesto la caída de las torres: «Agora miras para alí e non as ves», declara. Novo lamenta que las torres estén en el suelo y con riesgo de que se cometan robos de su material.
Una impresión similar es la de Maseda: «A xente chegaba e gustáballe ver aquilo», afirma. Estévez, por otro lado, sospecha que debió de ser «incrible» el golpe que las derribó. Por ahora, en cambio, en la memoria colectiva siguen en pie.