Un alicantino, dos canarias y una sevillana. Los caminos en general parecen responder a ese perfil de crisol de culturas, condiciones e intenciones. La ruta del Norte, desde luego, no es una excepción. Un día como anteayer, martes, peregrinos de tres comunidades diferentes tomaban un respiro a la puerta del albergue de Gontán tras haber completado la subida desde A Mariña.
Un peregrino como José Martínez, alicantino, recorre por primera vez el Camino Norte tras haber llegado a Santiago por el Francés, con salida en Roncesvalles, y por el Primitivo, con inicio en Oviedo. Dice que los albergues gallegos están bien, que la ruta están peor señalizada en Asturias que en Galicia y que esa falta de sol que este verano tanto se comenta no es un incordio para algunos: «Cuando veo llover, me emociono», dice.
Menos experiencia en llegar a Santiago peregrinando tiene la canaria Nuria Esther Díaz, que también salió de Oviedo. Los tres primeros días, dice, fueron duros, hasta el punto de que se le pasó por la cabeza abandonar e irse a casa, preguntándose qué hacía en el Camino en lugar de estar «de vacaciones, por ahí».
Superado ese momento, ahora dice que le gusta el paisaje y que el trato humano de los que viven al pied de la ruta es digno de elogio: «Cuando preguntas, son amables; incluso te ofrecen su casa», afirma. Para corroborarlo, agrega otra experiencia: «Un matrimonio me acogió en su casa y almorzamos juntos», declara.
Su compañera Nereida Cañada también empezó en Oviedo, aunque debe abandonar la peregrinación por una lesión. Sin embargo, lo vivido hasta aquí le ha causado una impresión satisfactoria.
Esta es también la primera experiencia de itinerario jacobeo para la sevillana Flor Pozo, que eligió la peregrinación al no haver planificado otro destino para las vacaciones. Empezó en Ribadeo el lunes y prevé llegar el martes a Santiago. El Camino es duro pero también agradable: «El paisaje -dice- lo imaginaba así».