Párrocos de la provincia celebraron ayer su tradicional comida estival en Xustás
07 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La época estival es utilizada por muchas familias para celebrar banquetes en los que reunirse y pasar un rato agradable después de meses de trabajo. Ayer, en Xustás, un pequeño grupo de representantes de una gran familia se volvió a reunir para celebrar su tradicional comida anual. Los párrocos de pueblos lucenses al norte de la provincia se juntaron en el restaurante Beiramiño para conmemorar un banquete que comenzó a realizarse hace 30 años.
Los organizadores de la comida fueron el párroco de Muimenta, Gabriel Folgueira, y el de Xustás, Daniel Novo. A la juntanza acudió el obispo de Mondoñedo. El de Lugo, aunque estaba invitado, no pudo asistir en esta ocasión. Además del más alto representante de la diócesis mindoniense, también estuvieron presentes otros 33 curas de distintas parroquias de la provincia de Lugo. Según los organizadores, este año ha habido un pequeño descenso en el número de asistentes. El año pasado, por ejemplo, acudieron a la cita 40 curas. De todos modos, según indicó Daniel, están satisfechos con la cifra porque creen que lo importante en esta comida no es cuántos acudan, sino que, los que vayan, se lo pasen bien y puedan disfrutar de un encuentro que les ayuda a conocerse un poco más.
Una larga tradición
Esta reunión cuenta ya con 30 años de historia. Según indica Gabriel, el banquete celebrado ayer, en sus comienzos, era mucho más austero. Esta comida surgió a raíz de una pequeña juntanza que, de vez en cuando, organizaban siete curas de parroquias próximas a Xustás. El encuentro se celebraba a orillas del río en la temporada estival. Según dice Gabriel, en aquellos años, debido a la escasez de fondos, lo que hacían era ir en las primeras horas del día hasta el entorno fluvial con las cañas de pescar para, si había suerte, hacerse con alguna trucha para comer. Aún así, indica que lo normal es que ya llevasen algo preparado de casa. En aquellas reuniones hablaban de los proyectos llevados a cabo en sus parroquias y pasaban la tarde jugando la partida de cartas a orillas del río.
La comida, sin embargo, ha ido cambiando de emplazamiento. Según dice Gabriel, en los 30 años ya han pasado por muchos restaurantes y han conocido muchos lugares. Sin embargo, hay algo que no ha cambiado, el menú. Como en los inicios, en la comida de ayer el primer plato que se sirvió fueron truchas. Señala Daniel que el motivo por el que se sigue ofreciendo este «manjar» es que quieren conservar una tradición que se mantiene desde que aquellos siete curas se reunían. De segundo, en cambio, un churrasco a la parrilla sirvió a los comensales para acompañar a las truchas.
Entre plato y plato los párrocos pudieron discutir todo tipo de asuntos y conocerse un poco mejor. Sin embargo, hubo un secreto que no se desveló hasta el final. El postre. Además del que ofrece el restaurante, todos los años hay algún cura que lleva una receta tradicional de su localidad. En ediciones anteriores, por ejemplo, el cura de San Simón obsequió a los asistentes con un queso de la zona. Algo que los más veteranos recuerdan con agrado. Asimismo, tampoco han borrado de sus memorias las largas sobremesas que, como en toda comida que se celebra en Galicia, se prolongaban durante horas. Según indican, había ocasiones en las que estaban toda la tarde jugando a las cartas y hablando. Cuando el sol comenzaba a caer volvían a reunirse entorno a la mesa y, aprovechando la ocasión, hacían una pequeña cena antes de retirarse. Ahora, sin embargo, las ocupaciones laborales obligan a que esta comida con 30 años de tradición acabe a media tarde.