Ayer los jubilados monterrosinos celebraron su gran día con la tradicional comida anual de la tercera edad. Pese a que, en un principio, se esperaba que el evento tuviese lugar en el área recreativa de A Peneda, finalmente, y previendo las inclemencias meteorológicas, se realizó en la Cúpula. A ella acudieron cerca de 750 personas. A la comida podían asistir gratis aquellos monterrosinos que lleven, al menos, seis meses residiendo en el municipio. El resto de las personas que quisieron acudir, tuvieron que abonar el importe de la comida.
Desde primera hora de la mañana, los autobuses contratados por el ayuntamiento y acompañados de personal de protección civil pasaron a recoger a los mayores por sus parroquias para llevarlos al lugar de la celebración. La fiesta comenzó a las doce y media de la mañana con una misa en la iglesia de Monterroso. Estuvo oficiada por el párroco del municipio Carlos Méndez.
Después, aproximadamente a la una y media, comenzó la comida. En ella los invitados pudieron degustar un menú tradicional gallego. Compuesto por empanada de liscos, pulpo á feira con patatas cocidas, y lacón asado. De postre tarta de Santiago y, para regar los platos, vino, refrescos y café. Asimismo, durante la comida se sortearon más de una treintena de obsequios donados por varios comerciantes locales. Entre ellos había camisetas, material de papeleríay joyas. Además, el ayuntamiento obsequió a todos los participantes con dos lámparas para sus hogares.
La sobremesa estuvo amenizada por un dúo musical, el mismo que tocó durante la comida. Éste hizo las delicias de los monterrosinos hasta más o menos las ocho de la tarde. A esa hora finalizó la celebración. Después de un largo día de fiesta, los monterrosinos volvieron a sus hogares en los autobuses que el ayuntamiento contrató.
Pero mientras unos comen, en A Pontevenova una vecina ha iniciado una huelga de hambre. Se llama Carmen Osorio y dice sentirse indignada por el trato que recibe del Ayuntamiento. Afirma que el alcalde intentó invalidarla fiscalmente. Acudió a la asistenta social y ésta, sabedora de la preparación que tiene Carmen como pintora, le ofreció dar clases de pintura a ancianos. Como condición, que lo hiciese gratis. Además, su vida en el pueblo tampoco está siendo fácil. Recibe un trato hostil por parte de los vecinos. Hasta que la situación no cambie, Carmen dice que continuará con la huelga.