La residencia de la tercera edad, gestionada por la Fundación Hospital Asilo, es consecuencia de un proceso de cuyo inicio se ha cumplido un siglo esta semana
07 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Un hospital para Vilalba. Ese fue el propósito que animó a autoridades y representantes de sectores sociales de la capital de Terra Chá, integrantes de ese conjunto cuyo nombre colectivo podría ser el de fuerzas vivas, hace ahora 100 años. El fin estaba claro, como se recoge en documentos de la época. Si nos remontamos 100 años en el tiempo, veremos que el 1 de junio del 2009 se crea una comisión cuyo objetivo es lograr unas instalaciones capaces de dar atención a los que sufren «enfermedades y vejez en la vía pública» por falta de medios.
Lo que en la primera década del siglo XX era un objetivo se convirtió en realidad años después. Esa realidad, entrado el siglo XXI, el proyecto sigue en pie, aunque aceptando que algunas cosas deben cambiar para que nada cambie: lo que entonces se creó pensando en atender a «pobres enfermos y desvalidos» -así consta en documentos de la época, como detalla el profesor Xosé Antón Pombo- se mantiene hoy como residencia de personas mayores, atendida por personal especializado.
Volviendo a 1909, la comisión es promovida por el alcalde, Andrés Basanta Olano, que además es elegido presidente. Lo acompañan Víctor Andrade Arias (vicepresidente), Domingo García Gesto (contador), José María Orosa Gómez (tesorero), Ignacio Cacharrón Salgueiro (secretario), Juan Ramos Cavado, Antonio María Díaz Requeijo, Eulogio Goás Pardo y Manuel García Olano (vocales).
Los grandes propósitos que se perseguían debían afrontarse, sin embargo, con unos medios que parecían pequeños: solo había 15.000 pesetas, concedidas por la Diputación, lo que abría la puerta a la necesidad de solicitar colaboración de instituciones y particulares. Uno de los primeros pasos fue la compra de un solar, para lo que se pensó en una finca de cinco ferrados situada junto a la carretera de Rábade a Ferrol.
Más de dos mil pesetas
Un total de 2.250 pesetas hicieron falta para adquirir la parcela. Lo que entonces parecía el extrarradio es hoy casco urbano, lugar de paso para y desde Ferrol y Viveiro. La calle lleva además el nombre de un hijo ilustre de la villa como Plácido Peña, recordado por su labor de médico.
En el centro de la villa está el edificio que estaba en el centro de las inquietudes de los promotores. Pero, pese a todo, lograr la construcción y la puesta en marcha del edificio costó tanto como acercar las infraestructuras a la periferia. Prueba de ello es que las obras tuvieron problemas entre 1914 y 1923 y que el acceso de Agustín López Arias, vilalbés retornado de Cuba, a la presidencia de la comisión impulsó los trabajos.
Como en otras iniciativas, el papel de la emigración en América fue decisivo. Sirva como ejemplo que el Centro Villalbés de Buenos Aires editó en 1930, con fondos aportados por sus socios, Poesías en gallego y castellano de Xosé María Chao Ledo. ¿Amor a las letras y homenaje a un escritor local? Sí, pero también ánimo de contribuir a unas obras que aún tenían años por delante: hay que esperar a 1937 para que se instalen en el edificio las primeras integrantes de las Religiosas Terciarias Franciscanas que atenderían a los residentes.
Variado personal
Una médico, una psicóloga, una terapeuta ocupacional, un trabajador social y un fisioterapeuta forman hoy el personal técnico de la residencia, que se completa con los que atienden directamente a los ancianos o se ocupan de la cocina, la lavandería, la enfermería o la limpieza.
Más de 60 empleados trabajan en la residencia, que alberga actualmente -son datos de esta semana- a 153 personas, con una parte de plazas concertadas. Los últimos años, menos convulsos que los que rodearon la construcción, han servido para que el edificio haya conocido sucesivas reformas que no se han quedado en las forma: un certificado de calidad, logrado tras la auditoría de una consultora y renovado hace meses, avala ese trabajo.
Avalado pero examinado se siente el director de la residencia, el vilalbés Jesús Ramil Novo. Estar al frente de una residencia que con los años se ha convertido en toda una institución equivale, afirma, a sentirse «observado por moitos ollos». De todos modos, subraya que el servicio que se presta es «de calidade». Dicho con palabras de 1909 y con espíritu de hoy, se da «abrigo, cuidado y asistencia».