El Breogán se ahoga en el infierno

LUGO

Era el día de los hombres, pero casi todos se enfundaron la camiseta gualdiverde. Los Barrios certificó la sorpresa del play off y tumbó al Breogán por la vía rápida. La dureza física y mental de los andaluces sumada a una exquisita riqueza táctica convirtieron a los pupilos de Moncho Fernández en un plato demasiado fuerte para los lucenses. Sin acierto en el triple, con un caos infinito en el rebote ofensivo y víctima de una incapacidad latente para leer las situaciones ofensivas condujeron al Leche Río a una debacle prematura en el curso 2008-2009. La Final Four de Fuenlabrada no se teñirá de celeste.

El encuentro comenzó en medio de una sobredosis de decibelios. Los Barrios, hipermotivado, tomó el mando desde el salto inicial y descargó el peso ofensivo en el talento sobrenatural de Guillén. El Breogán se vio a remolque en todas las facetas del juego y comentó a cimentar la tragedia cuando la durísima defensa de los locales derritió el poco ímpetu de los de Valdeolmillos. Los andaluces cargaban con furor el rebote ofensivo y sangraban el mejorable balance defensivo celeste.

La grada llevó en volandas al cuadro local durante la primera mitad. Schraeder, con la metralleta echando humo, y Eric Sánchez se sumaron a la fiesta de Guillén para que el viento soplase de lleno en las velas de la nave de Moncho Fernández. La fortuna sonreía a los gualdiverdes, que además de dominar a sus anchas, eran capaces de aderezar el pastel con canastas imposibles.

Ordín trató de liderar la resurrección del Leche Río con mano de seda. Pero el problema de los lucenses radicaba en el rebote defensivo, apartado en el que únicamente Betinho ponía una pica, y en hacer añicos una defensa barreña que en muchas ocasiones alcanzó la ilegalidad.

Banderillas

Los andaluces tomaron una ventaja superior a diez puntos en varios tramos del choque. Pero los celestes no se dieron por vencidos. Sin embargo, después de cada pequeña reacción, el Breogán era incapaz de clavar una banderilla que le permitiese subirse a las barbas del Villa de Los Barrios. La impotencia a la hora de hilvanar ataques sensatos cuando el marcador se estrechaba fue una condena para los visitantes a lo largo de la contienda.

También el revólver de los triples se encasquilló en un encuentro para valientes. Quien a triple mata, a triple muere. La máxima de un equipo confeccionado bajo pretextos más que dudosos tomó ayer cuerpo para hacer más amarga la derrota. Las muñecas de los celestes se encogieron de manera alarmante para minar el cauce anotador habitual de otras tardes.

La tragedia se fue consumando a medida que se aproximaba el desenlace. A medida que la ventaja de los andaluces fue cobrando unas dimensiones exageradas, el Breogán pareció perder velocidad. Todo se desarrolló al ralentí mientras la amargura se apoderaba de un hundido banquillo celeste. Sólo Betinho aportaba unas dosis extra de casta, insuficientes para que se obrase un milagro en el conjunto gallego.

Agonía

La presión a todos campo y las faltas personales del Leche Río sólo alargaron un martirio que ya no tenía solución. El Villa de Los Barrios rompía todos los pronósticos y se colaba en la Final Four mientras que el Breogán, cabizbajo, se ahogaba después de un play off que ha ratificado todas las miserias de la escuadra celeste. Ahora toca hacer balance.