El ministro Blanco dio a Orozco un balón de oxígeno al desbloquear los trámites para construir el nuevo puente
19 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Es Lugo ciudad de larga historia y en la genética de los lucenses anida el escepticismo, sano y sabio, propio de los pueblos que hunden sus raíces en la noche de los tiempos. El escepticismo es la tabla de salvación de los lucenses frente a las promesas incumplidas de tantos gobiernos como han sido, frente a una crisis económica que aumenta las visitas al psicólogo, frente al abismo del paro. Desde la prevención con que el escéptico acoge la verdad oficial que es el BOE , el reciente anuncio de licitación de las obras del nuevo puente sobre el Miño en Lugo es un argumento para la esperanza, una posibilidad de que alguna vez los gobiernos cumplan sus compromisos. José Blanco, ministro de Fomento, tardó ocho días desde su toma de posesión en desbloquear el proyecto del puente. Es un gesto, una declaración de intenciones; es un balón de oxígeno para Orozco, munición municipal frente a la escéptica legión.
El anuncio de licitación de las obras del nuevo puente sobre el Miño en San Lázaro puso a Orozco en estado próximo a la felicidad. El proyecto del puente es (¿era?) una espina clavada en el bastón de mando del alcalde, una mancha mal disimulada en las relaciones de Orozco con la (ex) ministra balbuceante, la imposibilidad de José Blanco de hacerse valer en el ministerio de Magdalena Álvarez. Por eso, convertido Blanco en ministro, sentado donde antes se sentaba la andaluza balbuciente, fue la licitación de las obras del nuevo puente una de sus primeras decisiones. Fue un balón de oxígeno lanzado al profesor Orozco por aquel alumno de Palas de precoz vocación política al que le decían Pepiño.
Las obras del puente acabarán a finales del 2012. La inauguración, ¿correrá a cargo de un ministro llamado Blanco y del alcalde Orozco? La crisis económica, que algunos anuncian muy larga, puede provocar cambios políticos de gran calado. O no. El horizonte en el que se prevé la finalización de la construcción del paso sobre el Miño es, dada la coyuntura económica, un escenario lejano e incierto. Para entonces, ¿qué parte de las autovías que unirán Lugo con Ourense y Santiago estará concluida? ¿Qué habrá sido del AVE que ahora no tiene fecha?
En la ciudad cargada de historia que es Lugo, miles de coches seguirán cruzando cada día el puente romano hasta finales del 2012. Quedan aún muchos días de retenciones en San Lázaro, faltan aún meses para que las máquinas empiecen a preparar el terreno para el nuevo puente. Pero ahora el ministro de Fomento es José Blanco, un gallego de Lugo que tiene compromisos muy claros con su provincia natal. Cabe esperar que obras como la del nuevo puente y las autovías a Lugo-Santiago y Lugo-Ourense se ejecuten con tanta rapidez como es posible en este tipo de construcciones. De otro modo, el PP seguirá teniendo en tales proyectos los mejores argumentos contra la gestión del Gobierno de Zapatero y de su ministro lucense.
Y mientras los socialistas celebran el ascenso de Blanco al cielo ministerial, los populares festejan la llegada de Alberto Núñez Feijoo a la presidencia de la Xunta. El nuevo presidente de Galicia, con motivo de una campaña electoral, aclaró un día en Lugo a un simpatizante que insistía en hablar del PP como un partido de derecha: «De centro, de centro». Ocurrió en San Pedro, frente al edificio de Correos. El entusiasta militante o afiliado se quedó ligeramente sorprendido de la respuesta, pero Feijoo tenía entonces, mucho antes de la campaña de las autonómicas, muy claro de hacia dónde quería llevar al PP. En esa línea se mueve el presidente provincial del partido, José Manuel Barreiro, y tiene entre los suyos gente con ganas de trabajo y compromiso. Barreiro, ahora que el PP es partido de gobierno, habrá de cuidar con esmero el trabajo de separar el grano de la paja. Hay quien, como el propio Barreiro, ha trabajado muy duro para que el PP remontase el vuelo; otros hay que no han pasado de la apariencia y el camelo. El presidente provincial parece saberlo; falta que actúe en consecuencia. De otro modo puede encontrarse en dificultades a medio plazo. En las organizaciones, el esfuerzo no recompensado es un tiro que sale por la culata. En época de bonanza, como la que comienza para el PP en Galicia, conviene a los partidos que los mejores de los suyos no caigan en el escepticismo. Porque, entonces, como recomendó Montaigne, pueden instalarse en el «no creas nada, desconfía de todo». Serán más sabios, pero aportarán menos votos.