Mientras la crisis destruye empleo, en la provincia se gastan recursos en polémicas estériles e iniciativas de corto alcance
05 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Lugo, provincia minifundista, mantiene pegada a las entretelas de su alma social la querencia incorregible por el leiriño con más muro que tierra. En el minifundio de los cuerpos de seguridad que España adelante constituyen las policías locales, la de Lugo es, además, finca mínima disputada con saña, rego a rego, por la izquierda y la derecha. En la pugna política, los palos caen sobre los hombres y mujeres de azul, que salen a la calle cargados con el sambenito de la fama de enredadores y vagos, que quieren colgarles los que esperan conseguir en la refriega los méritos que no pudieron alcanzar en anteriores destinos políticos. En el minifundio extremo de lo social que es la provincia, se multiplican las ferias de la cosa propia en detrimento de la del al lado; con el alma aquejada del mal de la leiriña parece misión imposible avanzar en proyectos como la creación del patronato de turismo que intenta la Cámara.
Treinta años después de las primeras elecciones municipales democráticas, hay en Lugo veteranos de la política que añoran aquel tiempo cargado de esperanzas, aquellos días en los que aún parecían posibles tantas cosas. Incluso arrancar del alma social el minifundismo estéril y agotador. Pero no, no fue posible; sigue ahí. Está en todas partes. Minifundismo social y político y no otro es el mal que aqueja a la Policía Local de Lugo. Luchan enconadamente los grupos políticos por asegurarse parcelas de poder en el seno del citado cuerpo, mientras la inmensa mayoría de quienes lo forman sufren en su amor propio profesional la injusticia del descrédito.
Minifundismo social son las interminables ferias que provincia adelante se celebran durante la primavera y el verano para promocionar el queso de aquí, el vino de allá y el pan de acullá. Ferias mínimas de limitadísima proyección, que en algunos casos probablemente se mueven en el borde mismo de la normativa múltiple y difusa. En las entradas de la capital se ven con frecuencia carteles anunciadores de ferias hechos con el mismo estilo, con los mismos medios, con el mismo espíritu que hace diez, veinte, treinta años, más aún; rescoldos de autarquía municipal en la aldea global, cartelería de brocha gorda en la era de Internet.
En la provincia minifundista es difícil, sino imposible, que prosperen, más allá de la retórica inútil, proyectos aunadores de esfuerzos, iniciativas de trabajo en común. En la Cámara de Comercio, Eduardo Núñez Torrón asiste perplejo al ejercicio de minifundismo de grupo que practica esa parte del gobierno provincial que es el Bloque en la parcela de María Xosé Vega . La Diputación, ya se ve, es un ejemplo de convivencia armónica entre los socios de gobierno, entre el socialista Gómez Besteiro y el nacionalista Antón Bao ; ejercicio de minifundismo armónico (por ahora) en el que la finca nacionalista tiene a su vez claras subdivisiones.
En los días duros de la crisis y con los ingresos municipales en caída libre, el Ayuntamiento de Lugo se plantea establecer ayudas a parados para el pago de hipotecas. La oposición asiste atónita a la presentación de un proyecto que nace sin más aval que el voluntarismo. En el minifundio político que es el Concello de Lugo, en la finca de Carmen Basadre brota una iniciativa con perfiles legales más que dudosos, consecuencias económicas impredecibles y repercusiones sociales de alcance desconocido. Quizá tenía razón el ruso Nikita Jruschov cuando dijo que «los políticos son siempre lo mismo, prometen construir un puente aunque no haya río». Basadre quizá no conocía los datos de la liquidación del presupuesto del 2008 cuando perfiló su propuesta para el pago de hipotecas. La concejala de Economía, Sonia Méndez , apenas logra esconder tras la sonrisa amable, las luces de alarma que ya se han encendido en la economía municipal, ésas que ya ha visto el Bloque y de las que el PP aún ni se ha percatado. En las filas populares en la capital hay como déficit de agilidad en el ejercicio de la oposición en algunas parcelas, no en otras. El presidente provincial del PP, José Manuel Barreiro , tiene una buena ocasión, ahora que el mandato municipal alcanza el ecuador y se estrena gobierno autonómico, de revisar la asignación de papeles en su grupo municipal.
En la provincia del minifundio sociológico, políticos e instituciones están llamados a la concentración frente a la crisis. O tendrá razón Jardiel Poncela: «El que no se atreve a ser inteligencia se hace político».