Ni los responsables de la Diputación ni los herederos de Gil Varela se aventuraron nunca a citar una cifra relativa al valor de lo depositado por el matrimonio que figura entre los principales benefactores del Museo Provincial. También algunos expertos consideran que se trata de unas obras difíciles de tasar.
Sin embargo, según dio a entender ayer el vicepresidente primero, el diálogo deberá estar encaminado a compaginar el deseo de Gil Varela y de Antonia Arias de que las piezas y obras permaneciesen en Lugo, el derecho de los ciudadanos a seguir viéndolas en el edificio de la Praza da Soidade, y también deberán ser tenidos en cuenta «os intereses da familia» del benefactor.
Con respecto a la situación de las piezas y obras, el anterior presidente de la Diputación había manifestado en su día que, la de referencia, el torques de Burela, ni siquiera se podía considerar incluida en el legado de Álvaro Gil. Según había anunciado, la institución provincial localizó el recibo de las 150.000 pesetas que abonó cuando lo compró en 1954.
El torques fue encontrado por un vecino de Burela cuando trabajaba en una finca, vendiéndoselo por la citada cantidad al «señor Regüela». Este se lo ofreció por el mismo precio a la Diputación. Como tenía dificultades para pagarlo, Gil Varela se ofreció para adelantar el dinero y recuperarlo en anualidades, pero finalmente lo abonó la entidad.