La devoción recobra la calma

LUGO

Los templos chairegos que sufrieron robos en septiembre y octubre no han sufrido más asaltos, aunque las piezas sustraídas en algún caso no se han recuperado

15 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La fe vuelve a profesarse en un ambiente más tranquilo. Es la conclusión que cabe establecer casi medio año después de la ola de robos que sufrieron iglesias de Terra Chá. Hasta once templos de la comarca, pertenecientes en su mayoría a la diócesis de Mondoñedo-Ferrol, padecieron ataques que incluyeron la sustracción de algunos objetos litúrgicos y de diferentes cantidades en metálico. Algunos templos sufrieron más de un robo, con una separación de pocos días entre los ataques.

La situación no se ha repetido, lo que supone un lógico alivio para los sacerdotes encargados de parroquias con los que contactó este periódico para elaborar este reportaje. Los objetos que en algún templo se sustrajeron no se han recuperado, aunque en algún caso, desde entonces, se han recibido donaciones de piezas.

La hipótesis de que al menos algunos de los ataques tuviese un objetivo concreto aparece en boca de algunos. Así se expresa, por ejemplo, Alfonso Blanco, que vio cómo la capilla de Bascuas -situada en San Salvador de Parga (Guitiriz), de donde es párroco- se quedaba sin candelabros, un farol y una cadena de oro, entre otras pertenencias. «Sabían ao que ían», dice.

El robo, opina, debió de ser cometido por gente conocedora de la zona, lo que explica que el ataque a la capilla incluyese solamente la sustracción de objetos de oro, cuya posterior venta parece más fácil que la de otros materiales, y pocos daños en el interior. También era de oro alguna de las piezas llevadas de la capilla de Os Remedios, que está situada en Codesido (Vilalba) y que padeció sendos robos en septiembre y en octubre.

Una referencia

El párroco, José Boullosa, dotó al templo del generador eléctrico que formó parte del primer botín, aunque reconoce que el daño va más allá de lo estrictamente material. Para la gente que vive en una parroquia o que la visita movida por la devoción, un ataque, dice, «é como se lle roubasen a alma». Se trata de objetos apreciados por los feligreses y pertenecientes a algo que podría constituir una cadena de afectos. «Son cousas -afirma- que estiveron aí moito tempo; que foron valiosas para os avós, para os pais; que foron unha referencia...».

Mientras tanto, en iglesias que sufrieron algún daño material con motivo de los robos se han efectuado arreglos. Así ha ocurrido, por ejemplo, en Belesar (Vilalba), en donde se forzó una puerta y se estropeó otra para robar en la sacristía dos reproductores de música valorados en 240 euros y un cristo.

Establecer las causas parece difícil, aunque no faltan voces que apuntan a la posible presencia de una banda. Mientras tanto, alguna consecuencia ya ha aparecido. Félix Villares, párroco de Belesar y delegado de Patrimonio de la diócesis mindonienses, afirma que en la iglesias ya no se guardan objetos de valor y que solo se exponen en los días de cultos destacados. La tranquilidad bien merece, pues, algo de austeridad.