IPV remonta sus orígenes en A Pontenova a 1963, como una firma familiar dedicada a la fabricación y distribución de vehículos todoterreno. Vivió momentos de expansión a finales de los años 90 y después entró en una crisis que derivó en un proceso concursal para sanearla. A principios del 2008 inició otra etapa. Su nuevo accionariado quedó constituido en un 53% por Equipamientos Europeos 2005 (A Coruña); un 40% por XES Galicia; un 3% por Talleres Doval; un 3% por Argabi (Madrid), y un 1% restante por otros accionistas. Inicialmente se planteó llegar a 805 unidades al año, con el «ideal» de alcanzar de 100 a 120. «Nos faltan algunas unidades para llegar al mínimo del plan de viabilidad tras salir de la suspensión de pagos, pero desde el punto de vista económico, con los nuevos encargos ya lo alcanzamos», manifestó Juan Arsuaga.