La flota pesquera, especialmente la de bajura, está siendo una de las grandes damnificadas del invierno más crudo que se recuerda en muchos años. Armadores y tripulantes de la mayoría de lanchas artesanales con base en los puertos mariñanos continúan acumulando días de amarre forzoso y de pérdida de ingresos, sin opción de recibir ninguna compensación porque en la comarca casi nadie contrató el seguro para cubrir las contigencias del mal tiempo. Aunque ayer comenzó con normalidad, la mayoría de dueños de lanchas de bajura optaron por seguir las recomendaciones de Protección Civil y de Gardacostas y quedaron en puerto, aunque algunas de Celeiro y Morás aprovecharon las primeras horas para salir. Regresaron antes mediodía, cuando empeoró el estado de la mar, y poco después también empezaron a retornar algunos de los arrastreros que zarparon de Burela y Celeiro.