En Viveiro una mujer y su hijo quedaron atrapados en un coche al caerles un ciprés encima. Las dos torres alemanas de O Arneiro fueron derribadas, tras 70 años.
25 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.No aguantaron más. Las dos torres alemanas que quedaban en O Arneiro (Cospeito), y que formaron parte de un sistema de posicionamiento de barcos y aviones utilizado ya en la Segunda Guerra Mundial, se vinieron abajo con la última tormenta sin nombre. El ventarrón derribó de madrugada la que se encontraba en la base de O Arneiro, y también la de Momán. Esta última a punto estuvo de desplomarse de madrugada sobre la carretera a Castro Riberas de Lea y se vino abajo, como su compañera. Los dos tensores que habían sido reparados hace poco tras una campaña para salvarlas como patrimonio industrial de la Terra Chá, no fueron suficientes frente al patente deterioro de estas obras de ingeniería, que durante décadas soportaron en pie sin ningún cuidado duros temporales. Serafín Trashorras, uno de quienes lucharon por ellas, lamentaba ayer la mala noticia. También Justo Novo había abierto una página web para apoyar ante las instituciones su conservación. Pero la tormenta llegó antes que la Xunta y el Ministerio de Defensa.
Entre los derribos de ayer también impresionó en Celeiro (Viveiro) el que sufrieron Isabel y su hijo Iván. La suya es probablemente la historias más dramáticas vividas en la noche. Sobre las diez y media cogieron el coche para buscar al abuelo que, desde Xuances (Xove), necesitaba ser evacuado al hospital por una crisis asmática. No pudieron pasar de Viveiro. Se encontraron ya la carretera de Area cortada por los árboles caídos, y al poco de dar la vuelta para buscar otra ruta, un gran árbol cayó encima del Seat Ibiza, dejándolos atrapados durante media hora, hasta que un vecino, Jorge Pernas, escuchó el claxon. «Estiven co teito do coche no meu peito», dijo Iván. Al rescate le sucedió la aventura de la ambulancia para buscar al anciano. Poco después, cuando los guardias civiles y Protección Civil liberaban la vía, sucedió el fatal accidente del sargento.
Celeiro esperaba el vendaval pero nunca pensaron los más viejos que lo que se venía encima era de tal fuerza. A las ocho de la tarde la mayoría ya había reforzado las amarras de sus embarcaciones en el puerto. Una hora más tarde las cajas de botellas del chiringuito del muelle comenzaban a volar, la arena de la playa cubría la carretera y los tejados de casas e instalaciones portuarias saltaban por los aires. Hasta las siete de la mañana no dejó de soplar el viento huracanado, en mitad de chubascos y truenos. El tejado de Emilio, en la rúa Grande, se fue deshaciendo poco a poco, con gran estruendo de las tejas que reptaban por los tejados vecinos y caían a patios y calle.
Sin luz, teléfono, ni televisión o emisiones radiofónicas, el miedo se apoderó de muchos hogares. En la oscuridad apenas se veían algunas luces de quienes trataban de liberar la carretera de los árboles caídos en Cova Fría. El temporal arrasó los del parque, derribó los más antiguos de Lavandeiras y de la vecina Area, cortando las vías.
En el muelle los pesqueros más grandes aguantaron bien, pero los pantalanes de las embarcaciones deportivas rompieron por varios sitios. El flotador de uno de ellos apareció varado en la playa y varias pasarelas o fingers donde atracan las barcas también rompieron, aunque ya estaban debilitados de días anteriores. Faltaron los cabos y muchas sufrieron daños en proas y costados.
En el muelle deportivo de Viveiro uno de los yates más grandes que se encontraba varado en tierra fue derribado y cayó con el mástil encima de otro que también se encontraba en seco. Algunas lanchas más fueron derribadas y, enfrente, los voladizos del edificio comarcal de exposiciones también aparecieron tocados.
El peligro rodeó durante toda la noche a Celeiro. Hubo momentos en que el interior del muelle fue batido por una auténtica marejada, y diversas chapas fueron desprendiéndose de las instalaciones portuarias. Tanto de la propia lonja, como de la nave de redes, que perdió el techo. Fue desgajándose y derribando o doblando las farolas a cientos de metros al otro lado de la carretera. Hubo derrumbamientos en la vía a Viveiro, que provocaron el corte de un carril.