Los Cabarcos combaten el frío

LUGO

Ramón heredó la empresa de su padre y acaba de pasarle el testigo a su hijo Miguel, que lleva cinco años en el negocio y que proyecta ampliarlo

11 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Ramón Cabarcos López se jubiló en el pasado mes de septiembre con la plena satisfacción de comprobar que el negocio que había heredado de su padre, Manuel Cabarcos Gómez, y que funcionaba desde 1948, no iba a desaparecer. El tercero de sus hijos, Miguel, es quien lleva las riendas de una empresa con aspiraciones de crecer y que se está planteando la necesidad de contratar personal ahora que está sólo al frente de toda la cartera de clientes.

Manuel Cabarcos montó la empresa en un local de apenas 10 metros cuadrados en la calle Vilalba, esquina con la Ronda da Muralla, cuando vio la oportunidad de dedicarse a una actividad nueva: el mantenimiento de calefacciones. Por aquellos años no eran muchas los domicilios que tenían esta confortabilidad de la que sí disponían el edificio de los juzgados, el consistorio, la sede de la Diputación y los hospitales de San José y de Santa María. Todas ellas funcionaban con carbón.

A medida que fue mejorando el nivel el nivel de vida de los lucenses las calefacciones dejaron de ser un lujo y se convirtieron una necesidad que permitió a Calefacciones Cabarcos prosperar.

Ramón Cabarcos trabajó con su padre y trató de encaminar a sus hijos por otros derroteros laborales. Se sorprendió cuando el tercero, Miguel, le comunicó que quería abandonar los estudios y empezar a trabajar con él en la empresa familiar. Inicialmente el cabeza de familia intentó convencerle de que continuara con sus estudios, sin embargo la firmeza de la decisión del joven lo disuadió. Lo citó al día siguiente para empezar a aprender el oficio.

Ramón está muy orgulloso de su hijo, que no tuvo ni la más mínima dificultad para ponerse al día enseguida en los secretos de las calefacciones de gasóleo y de gas que instalan y reparan.

El padre reconoce que aumentó el trabajo respecto a los años en los que él empezó con su padre, pero también mejoraron las condiciones. Ramón admite que ahora hay herramientas de todas las utilidades, que facilitan lógicamente la labor. Antes aparte de que tenían que conformarse con las cuatro que había en el mercado, se veían obligados a afrontar la escasez de piezas para sustituir las estropeadas. Esto obligaba a los calefactores a agudizar el ingenio y a diseñarlas artesanalmente para poder servir al cliente.

Ramón Cabarcos asegura que la crisis de la construcción no está afectando a la empresa familiar en la misma medida que a otros colegas que trabajan con contratistas de mayor volumen que él. Y, pese a que su política empresarial fue siempre poco arriesgada, apoya incondicionalmente a su hijo Miguel en su proyecto de ampliar el negocio.

A Ramón Cabarcos le queda una asignatura pendiente con su hijo Miguel, la música. El padre pertenece al orfeón Xoán Montes, al igual que su consuegro, el padre de la esposa de Miguel, con lo que entre los dos no lo tendrán difícil. De momento, según confiesa Ramón, no iniciaron ninguna campaña de captación porque el empresario es aún muy joven y tiene que dedicar su tiempo de ocio a otras diversiones más propias de su edad. Eso sí, reconoce que tiene buen oído y canta bien.