Vilarmea, al pie del río Ouro, es un buen lugar para un control de alcoholemia. Aunque el frío bloquee hasta el etilómetro. Justo en el punto kilométrico 35,4 de la N-642, en la parroquia focense de Fazouro, el sargento y tres agentes del destacamento de la Guardia Civil de Tráfico de Burela dirigieron la prueba del viernes. La primera, a las 00.39 horas. «Sople fuerte y continuo hasta que se apague la luz. 0,00. Puede usted continuar». Como una letanía.
Hay conductores que ya han pasado por este trance y soplan sin inmutarse. Otros debutan en noche de helada y les cuesta incluso sacar la boquilla del plástico. Unos se quitan el cinturón, lo primero, y hurgan en la guantera o en el bolso en busca del permiso de conducir. La tranquilidad dura poco y el ambiente se va animando.
El etilómetro marca 0,55. El agente ordena estacionar el automóvil. El conductor, de unos 50 años, se baja y enciende un cigarro. «Veño do Descanso (un bar cercano), tomei unhas cervexas e ía para a casa, que está a uns cen metros, para chegar antes có fillo (de 16 años). O problema é que me vexa aquí (...). Sempre pillan a quen non deben, os que andan por aí bebendo cubatas que...», se queja.
«Bebín unhas cervexas»
En estos casos, hay que repetir la prueba, con el etilómetro de precisión. El segundo test corrobora el dato del primero. «O malo é que me saquen o carné, traballo para unha empresa... Non é disculpa, bebín tres ou catro cervexas, nunca me pasara isto», se lamenta. Hasta que haya bajado el efecto del alcohol no podrá llevarse el coche, salvo que alguien con el permiso en vigor lo haga por él. A mayores vendrá la sanción y la temida retirada de puntos (la Ley fija seis, al superar los 0,55 miligramos).
«Se confían -comenta el sargento-. Con dos o tres unidades de alcohol corres el riesgo de alcanzar las tasas permitidas, peor aún si no has ingerido alimentos». A alguno le bastan dos copas de vino. «Me tomé un cubalibre con los amigos después de cenar», confiesa otro conductor. 0,12. Puede continuar. «Este no mintió, a veces dan 0,40 y te dicen que han bebido una copa de vino. Y tú te preguntas de cuántos litros sería la copa», relata un guardia.
Los más avispados se desvían por Peizás y salen junto al puente del Ouro, en A Pampillosa, a unos metros del control. O vienen del aparcamiento, muy frecuentado por las parejas. Un coche está a punto de saltarse el control. «Ía pensando nas miñas cousas», explica. No advirtió las señales ni los chalecos reflectantes ni las porras luminosas. «¿Que desobediencia á autoridade? Parar, parei», se defiende. Los agentes hablan de velocidad inadecuada y posible desacato. «Na proba dei 0,00, ía apurado para a casa (en Nois)». Otro turismo aparcado a un lado y más papeleo.
Los jóvenes dan ejemplo
Gapi, de San Cibrao, y su pareja, un joven sevillano, han recorrido mil kilómetros, desde Cádiz, en su Peugeot para pasar la Navidad en A Mariña. 0,00. Por el control pasan mujeres y hombres que viajan solos, parejas de todas las edades, amigos, camioneros. «O aspecto engana», recalca un guardia. «Soy de Viveiro, vengo de Foz de estar con una chica», cuenta un chaval engominado, abstemio. «Los jóvenes están dando ejemplo -recalca el sargento-, se turnan y conduce el que no ha bebido. A partir de cierta hora hay muchas mujeres al volante, son el conductor alternativo».
Una pareja de Cangas regresa a casa, tras cenar en Foz. «Vai dicir miña nai 'para un día que saídes vades aparecer na Voz de Galicia cun control de alcoholemia'», bromea. «Isto é agotador», protesta por el soplido. Alba, dominicana, ha cocinado hasta tarde en el restaurante donde trabaja. Había cenas de empresa, mucho langostino, almejas y churrasco. Quiere llegar a casa, donde están sus hijos, Xaila, de cinco meses, y Xosé Manuel, de cinco años. Y el marido, que se ha quedado en el paro. «Tengo que ir mañana y tarde para poder sostener la familia, la hipoteca...», revela.
Las chicas del deportivo rojo han tenido cena de Navidad en el Xoíña. El etilómetro se resiste por el frío. 0,00. Seguirán la fiesta en O Muíño, en Cervo. «Hai moita crise, non se pode beber», sentencia otro conductor joven. Sus amigos de Cangas y Cordido se mueren de risa por el estruendo del soplido. 0,00. Y el sargento apela al lema de la DGT: «No dejes que quien ha bebido conduzca».