José Janeiro Cazón montó en Vilalba un taller de coches con un socio, pero a la empresa ya se incorporó un hijo suyo, señal de adaptación a los nuevos tiempos
07 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Las historias de José Janeiro Cazón parecen ir acompañadas siempre de otros protagonistas aunque él tenga un papel relevante. Su vida profesional y su vida personal van bastante parejas, pues lo que hace en la primera tiene que ver con la segunda. Janeiro, vilalbés de Sancobade, empezó a trabajar siendo joven en un taller mecánico de la capital chairega; pero años después se independizó y logró tener negocio propio.
Aquí entra en escena Jesús Pumares, un guitiricense de Buriz llegado a Vilalba hace casi tres décadas. La sociedad lleva más de 20 años, tiempo que le ha servido para consolidarse, pasar a tener unas amplias instalaciones en el polígono, ofrecer dos marcas de vehículos e intuir su posible continuidad. Este es el momento para que aparezca en escena Iago Janeiro Insua.
Los años de diferencia, la pertenencia a distintas generaciones o los gustos estrictamente personales pueden influir en preferencias como el coche ideal. El padre no se pronuncia abiertamente sobre su favorito, y afirma que todos los modelos vienen «con prestacións moi altas», por lo que la elección sería difícil. El hijo, en cambio, confiesa que el Fiat Bravo y el Opel Corsa son modelos interesantes, como interesante le parecía, siendo más joven, la profesión paterna: «Desde pequeño -dice- estás acostumbrado. Cuando estás cerca de una cosa, crea curiosidad».
Razones para elegir
El aspecto exterior, el precio y las prestaciones son, según José Janeiro, los factores que incluyen en un cliente a la hora de comprar un coche. Su hijo, en cambio, dice que la potencia es precisamente la característica más potente que puede atraer a los compradores: un motor de 120 caballos parece tan seductor como un salpicadero de madera o unos asientos de cuero.
Por sus años y su profesión Janeiro padre dice haber conducido miles y miles de kilómetros. Padre e hijo coinciden en que conducir por carretera anima al chófer de una forma que no se logra en autovía o autopista, aunque con matices. Aunque las vías de alta capacidad sean más seguras, José Janeiro cree que conducir en una carretera es más ameno. «El tópico ese de que por autovía de aburres es verdad», opina su hijo.
Lo que no es ningún tópico sino realidad concreta es que los tiempos cambian en todas las profesiones. José Janeiro argumenta que hoy, sin informática, no se puede trabajar porque los coches traen un equipamiento completo que exige unos conocimientos específicos. El hijo, criado en la era de los ordenadores, no ve eso como un obstáculo.