Faltan solamente doce días para que finalice el mes de agosto y por las temperaturas que se están registrando estos días más parece que estemos en el mes de marzo. No van muy desencaminados quienes creen que en lugar de disfrutar del verano, lo que estamos viviendo es un invierno suave, que agradecen los que tienen que trabajar, pero que fastidia a los que están de vacaciones. Y es que por mucho que miremos el termómetro, raras son las jornadas en las que llega a alcanzar los 25 grados. Ayer, sin ir más lejos, no se registró tal temperatura en ninguna de las estaciones meteorológicas repartidas por la provincia lucense, que se movieron entre los doce grados de la de Cervantes y los veinte de la de Ribadeo.
Así las cosas, no es de extrañar que la imagen de piscinas vacías empiece a ser la más común. Algo que el reportero gráfico de La Voz pudo comprobar ayer a primera hora de la tarde tanto en la piscina de Frigsa como en la de Los Robles. Lo de darse un chapuzón empieza a ser un privilegio solamente reservado a determinados días y a unas horas concretas. Algo similar pasa en las playas, en donde es casi más la gente que va a pasear o a descansar que a bañarse. Además, la inestabilidad meteorológica no está invitando a la gente a desplazarse hasta los arenales para acabar encontrándose con un día gris.
Y si las bajas temperaturas se notan en las zonas costeras, lo mismo ocurre en los municipios del interior, donde hubo jornadas en pleno mes de agosto en las que los termómetros descendieron tanto por la noche que la gente tuvo que echar mano del pijama, e incluso de las mantas que ya había guardado en el armario. Sea por culpa del cambio climático o por cualquier otra razón, lo cierto es que el verano en Lugo ya no es lo que era, por lo que ya son muchos los que temen que los días de sol que no estamos teniendo ahora vendrán en septiembre y octubre, porque, como suelen decir, los calores por algún sitio tienen que salir, y si no es en la temporada estival será en otoño o en invierno. Bañistas resignados. La recta final del mes de agosto no ofrece mejores perspectivas que lo que va transcurrido del mes. Se anuncian temperaturas altas, pero acompañadas de tormentas. Una sensación de bochorno que no resulta del agrado de muchas personas, en particular de los bañistas, que a estas alturas del verano están más que resignados a volverse a casa menos bronceados de lo previsto. Eso si han elegido como lugar de veraneo la provincia de Lugo, en la que los cielos cubiertos o la alternancia de nubes y claros han sido la tónica general de un verano más. Y es que la época estival lucense ya se ha venido caracterizando en los últimos años por unos meses de junio, julio y agosto bastante moderados en las temperaturas, que contrastan claramente con los cerca de treinta grados que después se llegan a alcanzar con el otoño ya asentado en la provincia y con la gente ya incorporada a sus trabajos.