El PP reta al socialista Blanco a explicar qué hizo por Lugo el Gobierno y Orozco apela a la contención del gasto municipal
27 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Lugo es, por historia, la ciudad proa de Galicia, aunque en el enlodado mar de la política rara vez se le reconozca el mérito. Ahora que el PSOE gallego se reorganiza en la quietud de un congreso-balneario, pocos recuerdan ya que fue Lugo la ciudad en la que los socialistas, de la mano del alcalde filósofo, de José López Orozco , iniciaron el asalto a parcelas de poder con las que hasta entonces sólo habían soñado. Orozco abrió el camino de los pactos con el BNG, como ahora muestra el sendero para gobernar en minoría sin el respaldo nacionalista que cultiva con mimo el presidente Touriño . En Lugo avisaron los constructores al presidente de Galicia de que en época de crisis conviene no enredar con la legislación urbanística; en Lugo, ciudad proa de Galicia, el alcalde filósofo propuso once medidas contra la crisis, que despreció el PP mientras los suyos, en otra parte de España, coincidían en las recetas de Orozco.
Lugo, ya se ve, mantiene su condición de proa heroica de Galicia, proa de modesto catamarán, de vieja y tocada embarcación con grandes vías de agua. Pero proa aún. Así se lo indicó a la Xunta el presidente de los constructores lucenses, Hipólito Trinidad . Al pie de las casas con muletas, que dijo Luis Pimentel, Trinidad Losada envió a Vivenda, por el correo urgente que son los medios de comunicación, el mensaje que recogió Touriño al día siguiente; quizá ahora, tras la reciente reunión, dura y larga, entre la Xunta y los constructores, la Administración gallega, que tanto sabe de Castelao, recuerde que «as paisaxes non se comen». Algo querrá decir que, según cuentan las crónicas, Viveiro y San Cibrao tengan este verano los precios de alquiler de pisos más bajos de toda la costa española.
Lugo, proa de Galicia una vez más, abanderada gallega en el trato amable a la cartera de los turistas. Lo es también por su alcalde filósofo, que consiguió espacio de lujo en los medios de comunicación con sus once propuestas para afrontar la crisis, que ahora ya es crisis, desde los ayuntamientos. La primera: congelar el sueldo de los miembros de la corporación.
Orozco pone hielo al salario edilicio y deja a los corporativos sin más salida que asentir aunque también en sus bolsillos se deje notar la crisis. Orozco propone medidas de ahorro y en las aceras de su ciudad alguien derrocha agua y lava con manguera el coche sobre la acera, mientras la Policía Local duerme el largo sueño de un conflicto del que no acaba de despertar. Para mejor velar el sueño de los policías, por la cadena de mando del gobierno local ha corrido la orden, ya ejecutada, de instalar en los pasillos del cuartelillo cámaras de vigilancia. El vigilante está más seguro ahora que está más vigilado, y quizá ya ningún policía local vuelva a perder el uniforme; el policía que pierde el uniforme es un policía que necesita que haya una cámara que le recuerde dónde dejó el pantalón. En este conflicto habrá quien, como el filósofo, al recordar lo que dijo tendrá envidia de los mudos.
Lugo, ciudad proa de Galicia, se mueve en la inmediatez peligrosa del farallón de la crisis. El presidente provincial del PP, José Manuel Barreiro , traza un negro panorama de la realidad económica de la provincia y reta al socialista Blanco , que aún se ajusta el traje nuevo de la vicesecretaría general del PSOE, a un debate sobre qué hizo y qué dejó de hacer de cuantas promesas lanzó al aire de las pasadas elecciones. Barreiro, más hombre de cifras que de letras, quizá no sabe que ya avisó Quevedo de que lo mucho se vuelve poco con solo desear otro poco más; el aviso vale también en cuestión de debates. Barreiro, hombre de cifras, suma y resta y no le salen las cuentas: Busca en el listado de promesas de infraestructuras y plazos, y no cuadran; en los compromisos asistenciales, y hay desfase; bucea en los indicadores económicos y la gráfica cae hacia el abismo.
En Lugo han aparecido los primeros predicadores callejeros de micrófono y gesto desmesurado. El predicador callejero es el ave de mal agüero que se alimenta del miedo a la crisis. En tiempos así, el político en la oposición corre el riesgo de confundirse con el predicador callejero. El político que rebasa la mesura suele desbordarse en predicador. Por eso Barreiro, hombre moderado, avisa con números a Blanco. Debe saber el socialista que en Lugo, proa histórica de Galicia, han vuelto a la plaza Maior los anunciadores de apocalipsis, pájaros que se alimentan en los campos del miedo, allí donde crecen las flores peligrosas que son las cámaras de vigilancia.