Es uno de los edificios con historia de la fachada marítima de Viveiro que nació como sala cinematográfica y ahora se centra solo en la hosteler´´ia
22 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Décadas atrás, cuando se estrenaba en Celeiro la película Orfeo negro, quizás en ese preciso instante no imaginaba el celeirense Anselmo Goás Ladra que tal nombre significaría tanto en su vida. Pero antes de llegar al negocio en Viveiro que en una etapa fue cine y hotel (actualmente solo cumple este último papel), Goás Ladra probaría suerte en campos muy diferentes. Tuvo una fábrica de conservas en Celeiro y un aserradero en Casanova que «en dos años vendió con una plusvalía del cien por cien», resalta su hijo. Ladra acertó anticipándose a posibles malas rachas. «A fábrica non ía ben e había que gañarse a vida», explica el padre reconociendo que al pasar al cine daba un giro de 360 grados. La sala de proyecciones nació en 1963, en un momento en el que el mundo del celuloide era un fenómeno social. En el 82, ocupando el espacio del anfiteatro, explica el hijo Goás Paz, se levantó el actual hotel con 32 habitaciones, cafetería y un pequeño apartamento familiar.
El cine Orfeo ha dado lugar a anécdotas simpáticas. Como la de un joven que pidió en taquilla una entrada de caballero, quizás porque eran tiempos en que en las discotecas sí había entradas diferentes según el sexo y las mujeres pagaban poco o nada, señalan.
Elección casual
Anselmo Goás Ladra tiene cuatro hijos, cinco nietos y un bisnieto. El único varón de su descendencia cree que seguir el negocio de su padre fue «casualidad». Eligió Empresariales escapando de una carrera de letras porque, dice, en esta las opciones de futuro se reducían a la docencia. Acabados los estudios y tras «un año sabático y la mili», se incorporó a la empresa familiar en 1982. Para la astilla el palo «tiene unas cualidades que yo no tengo -dice-. Eso va con uno. Él tuvo varios negocios y cuando cambió fue porque se anticipó a la crisis y cambió a sectores que prometían, mientras que muchos otros se arruinaron. Él dio el salto para salir adelante». «No ejercí otra profesión en mi vida -sigue Goás Paz-. Me gusta el trabajo pero en la hostelería se trabaja sin festivos, sin horarios y es bastante sujeto... aunque es bonito y satisfactorio. Haces muchas cosas diferentes y tienes que estar pendiente de muchos detalles».