El comité de empresa de la factoría que Corporación Alimentaria Peñasanta (Capsa) tiene en Robra (Outeiro de Rei) ha trasladado a la Xunta su crítica por la actitud de la empresa, a la que acusa de desviar materia prima de la factoría chairega a otra que ha comprado recientemente en la comunidad de Madrid. El mantenimiento del nivel de producción y de los puestos de trabajo forman parte de las reclamaciones sindicales.
Así las cosas, una representación sindical se entrevistó ayer por este asunto con el delegado provincial de la Consellería de Traballo, Miguel Vázquez Calvo; pero además, según se desveló ayer, la semana pasada expuso este mismo asunto a los delegados de Innovación e Industria y de Medio Rural.
La crítica que el sindicato CIG, presente en el comité de la fábrica de Capsa, lanza a la dirección se basa en dos cuestiones. La primera -como aseguró ayer Carme Antas, dirigente de la mencionada organización- se debe a que el comité considera ilógico el desvío de leche, que además se recoge en la comarca chairega, dado que las instalaciones de Robra no están al 100% de su producción: más de 100.000 litros diarios, aseguró Antas, salen cada día con destino a la planta madrileña.
La semana pasada, primero de los días de paro temporal convocados por los sindicatos en señal de protesta, se explicó que el ritmo de trabajo de las instalaciones podría moverse en torno al 65 o al 70% de la capacidad total.
Hace varias semanas se divulgó que Capsa había cerrado la compra de una fábrica que la empresa La Serrana tenía en la localidad madrileña de Zarzalejo.
El segundo motivo de crítica está en que la organización sindical teme que el desvío de materia prima a otros centros de trabajo acabe desembocando en una reducción de la plantilla de las instalaciones de Robra, en donde actualmente trabajan 133 trabajadores.
Una de las razones que CIG utiliza en su argumentación contra la dirección de Capsa es que la empresa ha recibido subvenciones de la Xunta para modernizar las instalaciones de Outeiro de Rei, por lo que cabe demandar, en su opinión, que a cambio mantenga el ritmo de trabajo y los empleos actuales.
Divergencias salariales
Por otro lado, los sindicatos y la dirección mantienen posturas divergentes en la negociación del convenio, si bien ese asunto quedó fuera, según explicó Antas, de la reunión mantenida en Lugo con el delegado de Traballo y de las celebradas con los de Innovación e Industria y de Medio Rural.
Las diferencias están en la subida salarial -la empresa, según la CIG, ofrece un incremento del IPC más el 0,10% que el comité rechaza- y en la posibilidad de introducir el trabajo en sábados con carácter obligatorio.